lunes, 12 de enero de 2009

Cultura ciudadana


Hablamos de la importancia de la misma pero vemos con asombro que cada vez estamos más lejos de ella. En el día a día, y a cada momento, demostramos que no nos interesa, o la poca conciencia que tenemos de ella, damos por sentado prácticas que nada tienen que ver con una auténtica cultura ciudadana.

Hace unos días, tuve que hacer engorrosos trámites para lo cual generalmente hacemos una nada simpática cola, es decir teníamos que esperar por orden de llegada nuestro respectivo turno, pero hay personas que no les gusta esperar; hay gente que simplemente se cuela y va directo a la ventanilla para que la atienda y lo consiguen; sí señor, el empleado la atendió sin importarle que tenía un grupo de personas aguardando respetuosamente su turno.

Si algo me subleva es la prepotencia, y por supuesto PROTESTÉ, y lo hice muy fuerte la “dama “ni se inmutó, raudamente tomó su ticket y desapareció; el empleado, siguió en lo suyo, los que sí hablaron fueron los de la cola, pero no para protestar, hablaron para recomendarme que no me enfade, que esto es lo “normal” y que mejor cuide mi salud, mi hígado.

Bueno, allí si que me enfadé, el culto a no hacer olas, el culto a la santa paciencia, lleva a que se adopten actitudes conformistas como la de las personas que me “recomendaban” paciencia. A esta gente no se les pasa por la cabeza de que están siendo atropelladas en sus derechos, no se les ocurre pensar que vivimos en una ciudad, en una sociedad y que, por lo tanto, hay normas que deben ser respetadas; que todos los ciudadanos tenemos el mismo derecho y que nadie tiene porqué atropellarnos y si alguien se atreve a transgredir las normas, todos debemos y tenemos la obligación de hacérselo saber.

Esta actitud conformista es señal de muy poco autoestima, es señal de que aún no tomamos conciencia de nuestros derechos y por ende de nuestras obligaciones. Esta actitud que se da a diario, es la que nos lleva a aceptar como válido todo lo que hacen las autoridades esté o no de acuerdo con las necesidades de la comunidad. Esta actitud no es la de un ciudadano conciente de su responsabilidad en el momento de elegir a quien los represente, este comportamiento a su vez, es cómodo porque les permite que en otras circunstancias sean ellos los que saquen provecho. Es momento de pensar en estas actitudes; en lo cotidiano es donde vamos aprendiendo y donde vamos construyendo nuestro derrotero y el de la comunidad en que vivimos.

La protesta frente a actitudes agresivas y prepotentes contra la calidad de vida de los ciudadanos, es válida, así como es válido el alzar nuestra voz ante estas situaciones. Estemos atentos, en el día a día es donde vamos siendo más personas, más seres humanos, más ciudadanos

Marcela Garcia Guerrero
Directora

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