martes, 27 de enero de 2009

María Julia Luna de Ciudad, La Mocherita


El otoño de la vida hay seres humanos que lo convierten en primavera, porque su corazón lleva dentro la frescura, la alegría y las ganas de vivir tan intensas como esta estación del año.
Maria Julia es uno de esos seres dotados del eterno espíritu de la juventud, su inteligencia siempre consciente la hace estar al día de los acontecimientos y los grandes cambios con los que iniciamos este milenio. Ella, mujer, del siglo XX, como pocas de las aquí presentes ha participado activamente en todas las grandes gestas que el siglo nos trajo. Ella como pocas, ha luchado por darnos a la mujer la dignidad y el nivel que nos corresponde, a la par y junto al varón, sin feminismos extremos, siempre con la dignidad y lucidez que la acompaña. Pero con la infatigable lucha del guerrero que sabe cual es su lugar y para qué está aquí.
Desde muy joven en su Moche natal, en contacto con las mujeres del pueblo y con la naturaleza surgen sus primeros versos, algunos casi incendiarios, como él . . . Su padre le prohibió que leyera, su padre era su gran aliado.
Mujer decidida y global como ella se define, muy apasionada y pragmática, diría yo, su travesía es y fue la de un sembrador. Corría el año 1944, ella junto a un grupo de universitarios participa en el movimiento del 8 de septiembre y destituyen al rector quien -por su comportamiento vertical y prepotente- había generado una serie de problemas y malestar entre los estudiantes y docentes.
Como fundadora y vicepresidenta del Frente Democrático Universitario, en 1945, forma parte de la asamblea que elegiría como rector de la UNT a Antenor Orrego. Su acción no queda aquí, fue secretaria de Asistencia social, y como tal el comedor universitario que, hasta el momento sirve a los alumnos de la UNT, abrió sus puertas, al igual que el departamento médico. Fue, como miembro de la Federación, una de las entusiastas gestoras de lo que ahora es la ciudad universitaria. Esto tiene una anécdota. LA PRIMERA PALA NADA, convertida en la PALATODO, que ahora vemos.
En 1946, como presidenta de la Asociación de estudiantes universitarios, asiste a la Primera Convención de mujeres peruanas, en Lima, convocada entre otras, por esa gran mujer que fue Magda Portal. Por primera vez en la historia de nuestro país, más de dos mil mujeres se reunieron para tocar entre otros temas, algo de vital importancia como era el DERECHO A LA CIUDADANÍA DE LA MUJER, en esa época, la mujeres no tenía Libreta Electoral, por lo tanto no eran ciudadanas, ya existían profesionales, pero por ejemplo las abogadas, no podían firmar, seguro un amable Dr. Firmaría por ellas. No eran muchas, pero eran.
Este fue el inicio para que 9 años más tarde en 1954, durante la dictadura de Odría, un grupo de mujeres, entre ellas, Amable León de Flores, Berta Santa María, Marita Montalva de Hoyle, (ya fallecida) y Maria Julia Luna (a quienes rindo mi homenaje) entre otras, formaron la Asociación de Abogadas Liberteñas, ellas, elaboraron un documento en el que se sustentaba el porqué era indispensable el voto de la mujer, documento que, por cosas del destino, llegó a manos del General Odría, quien un año más tarde dio el voto a la mujer, según comentan con muy pocas enmiendas al documento elaborado por estas mujeres trujillanas.
La década del 40 al 50 fueron años duros, en la política peruana, años en los que quien hablaba y luchaba por una sociedad más justa para todos eran perseguidos y deportados. Eran aún más difíciles para la mujer, sobretodo para una mujer que tenía tanto por decir y hacer, la Dra, Luna de Ciudad combativa y creativa, decide seguir escribiendo, haciendo que la mujer tome conciencia de la necesidad de su participación cívica, de que su dignidad sea reconocida, para esto utiliza las páginas de los diarios, surge así Lucía J. Muller. Durante muchos años, los trujillanos siguieron la columna de ésta mujer que no sólo opinaba sobre temas femeninos, hacía propuestas concretas sobre el rol social de la mujer, el binomio madre-niño, la legislación de la prostitución, y el derecho al voto femenino, estos fueron temas de su tesis de graduación como abogada
María Julia es una y muchas a la vez: mujer, esposa, madre, luchadora social, maestra, abogada, chacarera, escritora, y linterna que nos marca el rumbo a los que queremos un país mejor y una ciudad libre de prejuicios y ataduras.
Es parte del siglo XX, lo ha recorrido prácticamente en su integridad, y ha participado en los movimientos que se gestaron. No se quedó cómodamente instalada en su tierra, ni esperó que el marido trabajara para ella, más bien trabajaron juntos, coco a codo, apoyándose mutuamente. Lo acompañó en su peregrinar de casi 20 años a las alturas de los Andes, compartiendo el cielo y el aire del gran vate Vallejo, sí, Santiago de Chuco, fue su hogar, y en ese lugar tiene un sitial, es recordada por las generaciones que salieron de las escuelas que creó, la Florencia de Mora de primaria y el colegio Libertad. Sus alumnos -semillas de antaño- son ahora extraordinarios frutos que dan todo de sí por este país, y en otros continentes. La formación que impartió fue integral, con el gran apoyo de su esposo don Andrés Luna, formaron el Comité Cívico de apoyo a la niñez, a través del cual se les daba alimento a los alumnos, en este frente se unieron a católicos y evangélicos, todo por la niñez. Fueron impulsores del ecumenismo.
María Julia Luna de Ciudad, ha apostado siempre por la Mujer y por el niño peruano, porque ella es consciente que los primeros cinco años son decisivos en la formación del hombre del mañana, apuesta a que nuestra niñez no tenga las carencias que afectan al futuro hombre, sólo así podremos tener gobernantes integrados, completos, aptos para dirigir una nación tan compleja como la nuestra.
Todavía hay muchos libros por escribir, Maria Julia, y aún tienes una gran tarea. Muchas gracias Maria Julia por tus años de trabajo como luchadora social, como madre que supiste afrontar con entereza y dignidad la irreparable ausencia, y volcaste ese amor, en todos los niños y mujeres de tu tierra.

Marcela García Guerrero

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