viernes, 24 de abril de 2009

LA DISTANCIA ENTRE COQUITO E HILARITA

Por: Enrique Plasencia Calvanapón

Felizmente yo no aprendí a leer en ese famoso libreto llamado “Coquito”. Porque más que un librito era un libreto adaptado especialmente para nuestro papel de ciegos cultivados. Felizmente, éramos demasiado pobres como para permitirnos el lujo de un libro. Si no había hermanos o primos mayores, era imposible entrar al maravilloso mundo de la hipocresía.
Creo que los molinos de viento fueron más ilustrativos que los mimos de mamá o los mamemimomu sin imaginación de un esquema harto repetido en nuestra esencia repetitititiva.
Años después conocí a Coquito a través de mis sobrinos y de un librito que desapareció de mi biblioteca cuyo título era Cuesta arriba o cuesta abajo y que analizaba fríamente la influencia del dichoso libro y sus hermanos en la formación homofóbica, racista, fantasiosa y hasta estúpida de los iniciados en las primeras lecturas de la vida.
Recuerdo que alguna vez leí en una de esas cosas (felizmente, otra vez, no recuerdo en cuál) que el niño educado se levanta por la mañana, saluda a mamá y papá, toma una buena ducha, se cepilla los dientes, se pone su ropa bien lavada y planchada y se sienta a desayunar para ir feliz a la escuela, muy bien alimentado y amado.
Lo que no se dice, pero se supone y obliga es el hecho de hacer sentir a los niños que no tienen mamá o papá, a los que no tienen ducha y menos agua potable, a los que los cepillos y la pasta dental les sabe a gloria de golosina, a los que heredan en quinto reciclaje la ropa descolorida y agujereada de otros, a los que no tienen mesas y menos la seguridad de un pan o a los que la escuela ha expulsado por ser andrajosos, quechuablantes o serranos que nunca van a ser educados ni útiles ni nada. O sea, en buen español, Coquito, Pablito, Carlitos o Ricardito nos presentan sólo una opción: para ser niño bueno hay que olvidarse de Paulinita, de Amadorcito, de Mariacha o de Manuelcha porque esos no tienen familia, casa, ropa o comida. Millones de niños peruanos no podrán, nunca, adaptarse al papel principal que presenta el libreto y sólo deben contentarse con ser los extras de la película.
Entonces, en estos días, aparece la versión moderna de estos esperpentos a través de Aldito, que tiene su antagonista en Hilarita.
Una amiga entrañable me mencionó que ha sido positivo que alguien saque a luz la desgracia a la que estamos obligados. Pero me recalcó que sólo en el sentido de enrostrarnos lo que realmente tenemos.
Soy un firme seguidor de la corrección lingüística, aunque no un correcto practicante de la misma. En ese sentido me indigna que se destroce la ortografía. Sin embargo, no creo que una persona que tiene al quechua como su base lingüística esté obligada a escribir perfectamente en español. Pero, ¿a cuál de los personajes de nuestros libros “infantiles” nos estamos refiriendo cuando nos burlamos de ella? ¿Al niño bueno del libro o al niño que el libro convirtió en un expulsado del sistema?. La lógica del libreto nos manda que tratemos a la Supa como niña buena sin derecho a equivocarse. La realidad, sin embargo, nos fuerza a vernos en el espejo de la malformación casi congénita y nos impone la “obligación moral” de reírnos de ella porque talvez escriba “seámuslo siempre papay” o porque su vestimenta no encaja con la modernidad de los trajes de la niña más linda del congreso o con la formalidad de la dama más culta e impecable del hemiciclo.
Finalmente, me reto a mi mismo a escribir en quechua, aunque sea mal, la misma cantidad de palabras que esta señora congresista escribió mal en español. Eso sí, expongo que la escuela si llegó a mí y que en la universidad llevé un curso de un año de esta lengua, con una nota increíble considerando que ni siquiera recuerdo la traducción de la palabra tolerancia.
Me pregunto si el autor de “Aldito” podrá conseguir lo que yo no.
Corren las apuestas y, en serio, recomiendo a doña Hilaria Supa que no lea Coquito y que siga aprendiendo de la que pachamama es la mejor maestra de la vida y que no distingue entre el niño bueno y el niño malo.

1 comentarios:

Víctor Corcuera Cueva dijo...

Hola Kike.
Felicitaciones de corazon y razon por tan interesante escrito.

Un abrazo.

Víctor Corcuera.