miércoles, 3 de junio de 2009

PANDEMIA EN LOS ANDES

(…)El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de vida, el precio del poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas (…)
Bertolt Brech


Si, es la “pandemia democrática “, que se extiende por todo el país. Es el ejercicio de los ciudadanos, aunque la quieran tratar de subversiva, es la respuesta de comunidades indígenas y campesinas frente a la indiferencia ancestral de que han sido objeto. Por suerte, este ejercicio democrático que tenemos desde hace un tiempo, lleva a que los afectados, no infectados, reclamen sus derechos, entre ellos el respeto a su territorio, el cumplimiento de los pactos y compromisos colectivos, el diálogo, y por último su inclusión. Es la pandemia de la miseria, el abandono y la exclusión que corroe a los peruanos de la amazonía y de los andes, en este caso a los liberteños, a los habitantes de una de las zonas más ricas en minerales de nuestro país.

Expectantes, hemos visto las manifestaciones de las comunidades amazónicas, así como en su momento a los integrantes de las rondas campesinas en La Libertad. ¡Que piden!, estos últimos, lo de siempre; atención a sus necesidades básicas: servicios, es decir, agua, desagüe, luz, postas médicas, escuelas y muchos exceterás. Pero hay más, piden, asistencia técnica en agricultura y ganadería. ¿Son revolucionarias sus peticiones?. No, es lo elemental, lo que todo ser humano debe tener, más aún en una región que ha sido privilegiada, como la nuestra y viviendo ellos, en una de las zonas de cuyas entrañas se extrae el mineral más preciado.

Analicemos un poco: es cierto que el gobierno regional está trabajando en carreteras, es cierto que hay programas sociales, aunque no se conozcan mucho, es cierto que hay una responsabilidad social empresarial, y es cierto que para hacer “cualquier obra de infraestructura”, las autoridades regionales tienen que tener proyectos y pasar por el “Snif”, y mil trámites más.

Pero también es cierto, que hay algo que se llama gestión, hay algo que si pueden hacer los que no están involucrados en la administración pública y es (con la cuota de solidaridad que cada minera se comprometió a dar), construir, sin necesidad de SNIF, las obras de infraestructura que requieren las comunidades más abandonadas de esta región y que curiosamente son moradores ancestrales de los cerritos en donde se encuentra el preciado mineral.

¿Es esto tan difícil? No, es simplemente sentarse en una mesa y concertar: autoridades, empresas y dirigentes comunales. Ver las prioridades más urgentes, que por cierto, no es la plaza del pueblo ni la cancha de fulbito. Es tener la sensibilidad necesaria y saber que éstas comunidades requieren de una mejor calidad de vida; es simplemente asumir el compromiso que los llevó a ocupar esos cargos de “servicio a la comunidad”. Y, concertar repito, con las grandes empresas para que ellas, construyan los servicios de infraestructura básica, con los fondos guardados en las cuentas de las empresas, (fondos que son parte de aporte voluntario del sector minero, y que en La Libertad, según el último reporte – Nº. 5, Balance Anual 2008- del Grupo Propuesta Ciudadana, presentado por Cedepas Norte) son entre el fondo local y el fondo regional S/. 62.540 millones de soles.

(La frase de Bertolt Brech, no es de mi cosecha, nos la envió el señor Dionisio Ramírez a través del correo electrónico, la utilizamos porque creo que es acertada para esta “pandemia”)

Marcela García Guerrero

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