viernes, 10 de julio de 2009

Reniec agrede a usuarios

Por: León Trahtemberg
http://www.trahtemberg.com/

Me tocaba renovar mi DNI en la Reniec, trámite que debería durar 1 minuto, consistente en entregar un recibo pagado en el BN ó BCP, una foto y actualizar mi firmar en una plantilla con datos preimpresos existentes en la computadora. Acudí al local de Jesús María sin apelar a las facilidades que las personas con cierta presencia pública suelen obtener para estos trámites. Llegué a las 10.00 am y tuve que colocarme en una cola de una cuadra y media, que calculo tenía unas 400 personas delante de mío.
Estuve haciendo cola parado bajo el sol hasta la 1.00 p.m. solo para llegar a ingresar al local de la Reniec, en el que de 19 puestos, 6 no atendían. Había sillas apenas para la mitad de los congregados. Luego tuve que esperar hasta las 4.45 p.m. para que me tocase el turno de ser atendido en ese minuto que requería mi trámite. Casi 7 horas de colas y esperas incómodas, un día de trabajo perdido, un tremendo desgaste anímico, para llegar a ese salvador minuto de atención.
¡Cuánta incompetencia e ineficienca! Si hubiese habido en el local un agitador profesional no me habría sorprendido que fácilmente hubiera logrado incitar al resto a tomar alguna medida de fuerza. Pensé en las carreteras tomadas…
La experiencia aunque terriblemente agotadora y frustrante, me resultó aleccionadora. Me conectó instantáneamente con los miles de peruanos que diariamente hacen colas para ser atendidos en su salud, sacar brevete o para algún trámite en entidades públicas, ministeriales, municipales o judiciales, y la acumulación de cólera y malestar que eso va grabando en el alma peruana por la incompetencia de las autoridades que no terminan de entender qué significa ser servidores públicos. Obligan a un día de “paro” para rendirle pleitesía a las incompetentes autoridades de estas entidades públicas.
Sería tan sencillo calcular la demanda de DNI (por el que se paga 24 soles) para disponer de la atención oportuna y eficiente… Ese día me sentí “anti-sistema”. Solo pensar en las mejoras vistas en algunas entidades como Migraciones me animó a pensar que “quizá llegarán tiempos mejores”.

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