jueves, 20 de agosto de 2009

MI ENCUENTRO CON GONZÁLEZ VIAÑA


Cuando, hace unas semanas, conocí personalmente a Eduardo González Viaña, nunca creí que llegaría más allá de darle la mano y recibir un autógrafo. El encuentro se dio en el local de CFIE y fue una de esas escenas de la vida en la que a uno le dan unas ganas enormes de llorar, o de reír. Decenas de profesores reunidos ahí recibimos una suculenta muestra de lo que la lectura puede hacer en el alma y en la sonrisa.
Hoy, he quedado impresionado por la simplicidad y el don de gente de este ser humano que ha hecho de la literatura un arma eficaz para enfrentarse a los desatinos de la vida.

No sólo hemos conversado muchas veces, de tú a tú. También hemos compartido una mesa, una lectura y hasta lugares y personajes comunes de nuestro pasado reciente (y no tan reciente) aquí y allá. Como dice la canción, la vida te da sorpresas…
Lo curioso es que este tipo de relaciones siempre me sucede por culpa de algún amigo oportuno. En este caso gracias a la gentileza sin límites de Carlos Pérez Urrutia, Director Académico de CFIE, quien apareció un día en mi oficina, acompañado del fabulador, para proponerme distribuir su libro aquí en Trujillo.

Para mí, la propuesta fue abrumadora, pero irresistible. Y con mi usual empeño, he tratado de corresponder a la confianza. No creo haberlo logrado, pero no me veo en la eventualidad de claudicar.

Una de las cosas que más nos une en esta nueva amistad es, tal vez, la convicción de creer en la palabra como la herramienta fundamental para ser felices. Por eso hay que tratar de llevar la palabra, sobretodo la de la literatura, a la mayor cantidad posible de seres en este mundo.

Ésa, en esencia, es la primera forma de humanidad. Aunque yo sea un simple aprendiz y él un maestro que ha recorrido el mundo entero antes de empezar a ponerlo en sus libros, para darnos la oportunidad de conocerlo y amarlo, en la forma en que más nos guste. O para enfrentarnos a la redundancia de sentirnos superiores.

En la presentación de Florcita y los invasores en el Auditorio del Centro Cultural Los Tallanes el 19 de agosto, Eduardo nos mostró una vez más que las ideas y las palabras sí pueden cambiar el mundo. Y más aún si se suman a ellos las personas, en cuerpo y alma. Y eso también se vio ayer. Una suma de corazones anhelosos. Marcela, Gerardo y Carlos se unieron a la irrefrenable esperanza. Y aunque yo sólo hacía de comparsa me sentí útil y hasta renovado.

Por eso, me emociona sobremanera leer le dedicatoria que me obsequió junto a uno de sus libros:

Para Enrique, mi fiel compañero de armas en la batalla para lograr que todos vivamos dentro de un mismo libro.

Enrique Plasencia

1 comentarios:

Carlos Pérez U dijo...

Hermoso testimonio, Kike. Gracias por compartir los ideales y por llevarlos a la práctica de la forma más humilde.