jueves, 10 de septiembre de 2009

MARCO ANTONIO… ¡AQUÍ POETA!... ¡AQUÍ HOMBRE!

Por: Enrique Benites Delgado
cosasdelalibertad@hotmail.com

“¡Aquí poetas! Esta es la hora, este es el sitio, aquí precisa una bandera que descubra su pecho de paloma y abanique sus sangrantes alas” Así escribía Marco Antonio Corcuera, con la fuerza que tienen los hombres puros de corazón formados en los limpios campos de su niñez.
En esta hora dolorosa en que él se ha ido, hay que llamar al hombre que aún tiene un resquicio en el alma, en el corazón, que quiere cantarle al amor, a la naturaleza, a la naciente espiga dorada de un trigal. Un llamado a todos ellos para elevar una plegaria o un poema para quien sembrara la semilla de la nobleza que construye la poesía. Cantemos juntos alrededor de su última morada.
Marco Antonio, ganador de los “Juegos Florales de la Universidad Mayor de San Marcos” en el año 1940, no se quedó allí, estático o mareado por el triunfo. No. Continuó con su revista “Cuadernos Trimestrales” y creó el Concurso “El Poeta Joven del Perú”, con ello impulsó la creación y la ilusión de nuevos jóvenes para cantar a lo bello que es la vida. Con él, el surgimiento de nuevos valores como Javier Heraud, César Calvo, José Watanabe, Manuel Ibañez Rozaza, Bethoven Medina, Luís García entre otros. Siempre pulcro, siempre sencillo y con una enorme sensibilidad humana y social por lo que cantó, incluso, a la demora de la naturaleza para llenar de vida los campos. Dice con enorme ternura: “Tardanza de riego, corazón de agua, corazón de tierra. ¡Ay, que pequeñita quedó mi siembra!
“Aquí trujillanos de América, en este sitio exacto, en este paralelo de la vida, en esta tierra que el Chimú sembrara”… ¡Aquí el canto, poeta, la admonición del verbo, ¡Aquí la llamarada!, canta Marco Antonio. Llamarada que ilumina los espíritus, que se eleva cual Ave Fénix para revivir en el recuerdo de cada hombre.
Marco Antonio, hermano del hombre, hermano de todo aquel que sueña como tú, que goza cantando al surco que donde nace la semilla, a las nubes que traen el agua para germinar la vida, que canta a los halcones avizores de las distancias, a las flores olorosas y amarillas de las retamas, a las parvas en los cerros donde se guardan los granos llenos de esperanza, al “…golpecito de agua que suena en mis oídos”.
Marco Antonio, hombre, poeta, hermano, que tu corazón descanse en las suaves alas de una golondrina, en medio de la inmensa cabellera dorada de los trigales… descansa “debajo del árbol, sombra, yerba, agua…corazón tendido como una baraja”. Descansa con el canto nuestro en tus oídos para que nunca mueras.

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