lunes, 23 de noviembre de 2009

Dukry, el gran regalo para los niños en navidad

Por: Luis Enrique Plasencia.
http://www.trujillolibros.blogspot.com/

Mahatma Ghandi, el gran voluntario de la paz decía que una sociedad es juzgada por cómo trata a sus animales. Desde ese punto de vista, nuestra sociedad podría considerarse sanguinaria y estúpida.

No hace mucho, en uno de los parques cercanos a mi casa, aparecieron decenas de gatos y perros asesinados vilmente para que no defecaran sobre el grass. Por esas mismas fechas, la Asociación Amigo Fiel envió un correo en el que se adjuntaban fotografías de varias perritas asesinadas, también, envenenadas. La única diferencia entre ambos casos fue que mientras los primeros eran animalitos sin casa, los segundos tenían un hogar transitorio, a la espera de la adopción definitiva.

En la red se mostraban alucinantes videos en los que animales de fino pelambre eran despellejados vivos y luego dejados tirados por ahí para que esperaran la lentitud arrogante del dolor y la muerte mientras que en alguna tienda fashion, damas de alcurnia pagaban sumas de fábula por esas pieles fascinantes. También se promocionaba el boom de la comida “viva” en la que cocineros orientales presentaban platillos hechos con animales cocinados sólo en parte. Es indescriptible la sensación que produce ver un pescado sumergiéndose en caliente aceite y después adornado con salsas y verduras mientras sus ojos mostraban la desesperación de un sacrificio sin razón y un sufrimiento sin límites. Lo raro del asunto era que los espectadores aplaudían enloquecidos al ver que después de frito en su mitad inferior, el pez boqueaba desesperado.

Felizmente, la literatura presenta una larga lista de ejemplos en los que ésta ha servido para ubicar a los animales en su real dimensión, a veces más humana que nosotros mismos.

Además de Esopo, Iriarte y Samaniego, los fabulistas han ido mostrándonos que sin los animales, los seres humanos seríamos más bestias y menos hombres. Platero, el asno de Moguer, nos mostró que a veces la realidad puede transmutarse y podemos vernos a los ojos de otro tal como ellos se verían en los nuestros. tú no puedes ver desde la azotea como yo, no ves el atardecer como yo, a las personas en la laguna jugando, ni a la vecina lavando la ropa o a la niña de al frente arreglándose, no puedes ver nada desde aquí, pero para eso estoy yo aquí para contártelo, le dice el poeta niño al entrañable Platero. Antes, mucho antes, el fiel Argos es el único que reconoce a Odiseo a pesar de su identidad cambiada a causa de muchos años de ausencia. Del mismo modo, Babieca, Rocinante y hasta el inefable Cerbero, siempre fueron los compañeros de toda la vida (y toda la muerte) de los personajes más recordados de nuestra humanidad.

Un poco más cerca, jamás podremos separar del corazón la historia compartida con Wanka, Zambo y Pellejo en un mundo hambriento de justicia y equidad. Asimismo, asistimos acongojados a compartir la desventura de El Caballero Carmelo y, pasmados, nos escarapelamos con las desgraciadas ovejas de las páginas de Rodoble por Rancas. Desde otro ángulo vemos las manchas negras, como gafas, alrededor de los ojos de Wayra, el perro que acompaña a Rosa Cuchillo en el más allá mientras ésta se dirige hacia el Hanaq Pacha, el paraíso, según la mitología andina.

En el ámbito local, siempre resulta delicioso seguir las aventuras de Sultán, el personaje creado por Carlos Sánchez Vega para mostrarnos, entre otros, el tema de la migración del campo a la ciudad. No podemos olvidar, tampoco, al compadre Patruco, el genial equino que nos acerca a la raíces de la amistad, en su estado más puro.

Hoy, para regocijo nuestro, un nuevo espécimen se suma a los pocos mencionados en las líneas precedentes: Dukry, el perro-vaca de Historias de Mascotas, ópera prima de la profesora Ruby Ángeles León, quien a través de casi un centenar de páginas nos transporta por los entretelones de una historia común pero fascinante: el encuentro feliz de un anheloso y tierno niño y un abandonado y cariñoso perro que unirán sus vidas para llenar de alegría a toda la familia y que, a la vez, fortalecerá la autoestima y la buena conducta de Ignacio, un niño de ocho años que empieza a descubrir el mundo desde una óptica muy optimista. Precisamente, Dukry es el regalo tan esperado por Ignacio para la fiesta de navidad, la misma que, en esta época de consumismo ha perdido la esencia misma de su origen: el amor.

Además de una extraordinaria dosis de ternura, Ruby Ángeles nos hace partícipes de una visión de la realidad que, pareciera, es cada vez menos recurrente en estos tiempos: la unidad familiar y la convivencia saludable entre personas y animales, la misma que puede –y debe- convertirnos en personas menos agresivas y solitarias y, por tanto, con una idea más saludable del medio que nos rodea y cuyo cuidado, más allá de un acto altruista, es el punto de partida de una existencia saludable y feliz.

Aunque la autora dice que su intención era la sola recordación de las aventuras de su hijo, lo cierto es que, más allá de los yerros casi imperceptibles de forma, Historias de Mascotas se presenta como una alternativa muy saludable que ayudará a nutrir la escasa producción literaria dirigida a los niños de nuestra región.
Así pues, además de Dukry, en las páginas de libro habita Tortol, una charapa arrancada de su hábitat para ser comercializada ilegalmente en la ciudad. En su cautiverio, Tortol conoce a Filo, un simpático cangrejo con quien establece una simpática simbiosis que será brevemente interrumpida cuando sean comprados, sucesivamente, por la familia de Ignacio. Finalmente, Tortol, renombrada ATNEL, y Filo son amorosamente devueltos a su hábitat en el que encuentran el renacimiento de la libertad.

Acudamos pues a esta hermosa aventura.

La cita será este martes 24 de noviembre a las 7.30pm en la Casa de la Emancipación. Ángel Gavidia Ruiz será el encargado de presentar Historias de Mascotas.

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