sábado, 21 de noviembre de 2009

Los dos rostros del caso Ariza

Autor: Santiago Pedraglio
Columnista del Diario Perú 21

La utilización por el Gobierno de Chile o sus institutos castrenses del suboficial peruano Víctor Ariza para conseguir información secreta es una grave intromisión y muestra de una actitud agresiva para con el Perú. Hay que esperar que Chile investigue el caso y ofrezca públicamente una versión rigurosa sobre el material que el país le ha alcanzado y supere la inicial posición de negar que hubiese algo que investigar.

Sin embargo, no se puede sacar como lección principal y exclusiva de este incidente que el Perú debe gastar más en armamento, con la hipótesis implícita de que el Perú estará mejor defendido ante una eventual agresión externa, en este caso chilena, si se aprovisiona mejor.

Un país es plenamente respetado cuando tiene una ciudadanía activa, con educación y salud universales, efectivas y de calidad. La historia enseña que los conflictos militares, en los lamentables casos en que ocurren, no se ganan sin una ciudadanía identificada con su Estado, con el régimen político, con los partidos y con una confianza interpersonal entre sus habitantes. El último Latinobarómetro indica, desgraciadamente, que el Perú ocupa los últimos lugares en varios de estos ítems decisivos.

Chile, a fines del siglo XIX, ya había construido, básicamente, un Estado nacional. El Perú, por el contrario, después de la independencia estuvo inmerso en guerras civiles, promovidas sobre todo por caudillos militares. Aun durante la guerra con Chile, las sangrientas rivalidades internas expresaron la inexistencia de un Estado nacional. También la guerra es expresión de la política; lo militar depende de la calidad del Estado, del régimen y de la economía (que lo diga la URSS, que desapareció del mapa con todo y sus armas nucleares).

Volviendo a la coyuntura: según declaró el canciller José Antonio García Belaunde, él se enteró de la noticia “el jueves en Singapur, a través de los medios, y el presidente Alan García lo hizo en Seúl (Corea)” (El Comercio, 19-11-09). Y añade: “Hay una filtración que no se esperaba (…) Esa filtración la hace alguien que no es del Poder Ejecutivo”. Hay que subrayarlo: el presidente ignoraba que se haría pública la información y hubo esta filtración inesperada. ¿Quién estuvo interesado, entonces, en que la noticia-bomba se conociera en esa oportunidad, con el presidente fuera del país y cuando está promoviendo una política de desarme en la región? ¿El propio mandatario dio luz verde para que esto ocurriera? Porque la casualidad, en política, en economía y en asuntos militares, no existe.

En esta especial circunstancia, mal haría el presidente García en echarse para atrás respecto a su planteamiento antibélico de que Unasur asuma el Protocolo para la Paz, la Seguridad y Cooperación para la región.

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