martes, 8 de diciembre de 2009

LOS ACTOS Y RELATOS DE WILLIAM GUILLÉN PADILLA O UNA ELOCUENTE INVITACIÓN A LA LECTURA

Por: Luis Enrique Plasencia
kikito2404@hotmail.com

Soy cajamarquino de nacimiento y de experiencias primigenias. Y una de esas experiencias siempre fue el círculo alrededor de la abuela, a la hora de las historias justo antes de las buenas noches. En algunas de esas historias, aparecía siempre el mítico túnel incaico que transportaba, directo y sin escalas, de Cuzco a Cajamarca.
En esas noches idas, tampoco eran pocas las historias en las que algún valiente jovenzuelo se atrevía a robarse a la mujer de su vida y a huir con ella mientras el indignado futuro suegro iniciaba la inútil cruzada, con bala incluida, de traer de vuelta a su sitio a la joya sustraída tan repentinamente.
Y, de paso, siempre andábamos pendientes de los personajes acuchillados, de los bandoleros inverosímiles, de las inefables matanzas al por mayor y de brujas, duendes y aparecidos. O de las jocosas experiencias de algunos dicharacheros.
Será por eso que no he podido hacer menos que conmoverme, carcajearme y hasta sonrojarme mientras recorría las páginas de “Actos y Relatos”, libro de quince cuentos de mi paisano William Guillén Padilla, que llegó a mis manos gracias a la generosidad de Bethoven Medina, el gran poeta de Expediente para un nuevo juicio.
Y es que Guillén es uno de esos narradores que han llevado a la plenitud a la palabra justa, a la extensión precisa y al clímax perfecto. Esto es precisamente lo que nos transporta al universo de la catarsis absoluta y al sentido práctico de la lectura.
El humor negro es una constante en cada uno de los cuentos. La ironía, el sin sentido y la nostalgia también ocupan un espacio imprescindible en la estructura narrativa. Todo esto combinado perfectamente con un innegable acercamiento telúrico y una subyacente ternura que atraviesa silenciosa pero tenazmente cada una de las páginas del libro.
No es complicado acercar a Guillén a la genialidad de Rulfo o a la irónica parsimonia de Maupassant. Los personajes de Actos y Relatos casi siempre están sumidos en un éxtasis del presente sin percatarse que su propia existencia está fuera ya de su control y no les queda sino descubrir que ese presente sólo es una sombra posada sobre la existencia del personaje, para bien o para mal.
Asimismo, el libro se convierte en una especie de crítica histórica respecto a temas tan trascendentales como la conquista española o como la explotación minera. En ambas, Cajamarca siempre ha sido y sigue siendo un escenario propicio y casi predestinado. Ahí mismo se combina la leyenda y la realidad y el sentimiento de pertenencia a una cultura apabullada desde hace medio milenio, pero que sigue existiendo y tratando de ser feliz a pesar de la injusticia y el desengaño.
Supongo que el libro ha recorrido mucho camino antes de convertirse en tal. Es raro encontrar en nuestro medio trabajos que combinen la calidad formal con la calidad de fondo. En nuestro caso, la pulcra presentación de este siamés (pegado a Planetario Astral, por la espalda) viene acompañada de un buen manejo de la técnica narrativa, siempre asociado a un lenguaje sencillo y envolvente que, repito, nos acerca a la posibilidad de compartir con el autor, la esencia de la lectura: conocer juntos el mundo que nos es común como seres humanos y que nos hermana eternamente, como una madre que sabe perdonar las marcadas diferencias entre sus hijos para convertirlas en el punto de partida de la fraternidad eterna.
El Plan Lector tiene, desde este jueves 10 de diciembre en que Actos y relatos será presentado en Trujillo (Chazka, Jr. San Martín cuadra 5), una nueva justificación para que alumnos y maestros se encuentren en el siempre fascinante mundo de la lectura.
Estamos invitados, pues, a recorrer las páginas de Actos y relatos, cuantas veces sea necesario.

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