lunes, 18 de enero de 2010

Del Mesías al “outsider”

Por: Paul Laurent
plaurent@acrata.org

Debe ser parte de la postmodernidad. Un racional toque a tierra. Pasamos de los solemnes “mesías” a los prosaicos “outsiders”. Desde hace mucho los iluminados vagan por las tinieblas. Por lo mismo, el asomo de Jaime Bayly sólo sería una confirmación de una constante inaugurada por Belmont en 1989.
Desde entonces el mensaje es claro: Si los políticos profesionales e institucionalizados no dan la talla, el electorado apunta a lo extraoficial. A falta de un buen producto, se recurre a lo desconocido. Como quien va al mercado negro. El que no existe por accidente, sino para cubrir la demanda de los insatisfechos.
Radicalmente, estamos ante “lo que pide la gente”. No ante lo que unos cuantos buscan imponer. Puede sonar tan democrático como anarquizante. Lo es. Es el riesgo total. Sobre todo cuando tenemos un universo de votantes que no eligen por derecho, sino por obligación. Por eso el “outsider” lleva en su ser tanto el peligro como la bendición.
¿Igual que el “Mesías”? No, porque en éste último partimos de un elector hechizado. Donde el elemento religioso trasciende. Exactamente el factor que dominaba la escena hasta la elección García en 1985. Incluso en el espectro contestatario, ningún “outsider” podía ofrecer nada distinto. Eso es lo que eran Abimael Guzmán y Sendero Luminoso en su momento.
Los tiempos han cambiado. Si alguien en el presente nos habla en clave mesiánica se condenará al desfase y al ridículo. Se podrá decir que Toledo adornaba su gesta electoral del 2001 con alegorías místicas andinas que sólo a él y a su antropológica esposa belga emocionaban, pero ello no pasó de la anécdota.
Toledo no ganó por ello, ganó por el hastío popular ante la corrupción del gobierno de otro “outsider”: Alberto Fujimori, acaso el máximo “outsider” de nuestra historia. A pesar de aquella mezcla de estafa y frustración no se miró a la partidocracia tradicional, sino a ese pequeño “outsider” que sólo necesitaba mantener cierto nivel de racionalidad que el “pueblo” reclama.
Justo lo que los Humala no hicieron. Por ello Antauro está preso y Ollanta pugna no descender más en las encuestas, cuando muy bien pudo ganar la presidencia el 2006. Paradójicamente, el reo de Piedras Gordas fue más sincero; digno hijo de su padre, sabía que por la vía electoral no iba a llegar al poder, sino sólo por las armas.
A pesar de esto último, ya no hay cabida para el que quiere transformar el mundo. Sólo para el que quiera entender a la gente, aunque luego la desilusione. Ese es el paso del Mesías al “outsider”, ese ser que siempre huele a ganador. Salvo torpezas, al que no se le pide mayores emociones ni paroxismos.. La especialidad del viejo Haya, el mismo que nunca ganó. Propio de un profeta. Ser de una fe que ya no es de este tiempo.

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