miércoles, 20 de enero de 2010

Ser Profesor de Educación Inicial

Por: León Trahtemberg
http://www.trahtemberg.com/

Pertenecemos a una generación de educadores que fueron formados para creer que con una buena formación en pedagogía y didáctica el profesional esta capacitado para lidiar con los alumnos de la educación inicial y luego la escuela. Los hechos evidencian que no es así. La pedagogía no alcanza para abordar la mayoría de los problemas que deciden el rendimiento y comportamiento infantil acorde a su momento evolutivo por lo que si no replanteamos nuestros enfoques educativos como padres y maestros, seremos altamente ineficientes y hasta dañinos para el alma infantil. El mundo objetivo, subjetivo e inconsciente de los alumnos, profesores y padres es enrevesado y está omnipresente en nuestro vínculo con los niños.
Hay una continua tensión entre la familia como escenario natural de crecimiento del niño a cargo de los padres y parientes, y la escuela como espacio artificial y formal para el crecimiento del niño en función de las expectativas y demandas de los profesionales de la educación.
El niño pequeño suele provocar en los adultos evocaciones de sus propias reacciones infantiles así como los modos en que vivió sus relaciones tempranas con las personas que lo cuidaban cuando niño, por lo que estas reacciones tienen un impacto afectivo profundo y a veces hasta incomprensible para la persona que los experimenta. Conectarse con esto puede ser de singular importancia para el buen trabajo educativo de la maestra y su capacidad de entender la importancia que tiene para el niño o la niña lograr un buen proceso de separaciones sucesivas de la madre y del hogar -entre los 2 y 5 años- como requisito previo para el aprendizaje cognitivo. También lo es para el tránsito adecuado desde la total dependencia hacia la autonomía, del “policía externo” al “policía interno” como modelador de su conducta y autodisciplina.
En esas edades la sexualidad se expresará como una energía creadora, como un impulso integrador que empuja al crecimiento, a la creatividad, a la investigación, al deseo de vincularse armónicamente con el entorno. También en esas edades el arte resulta un medio privilegiado a través del cual los niños pueden expresar la intensidad de su experiencia afectiva, lo que incluye su amor, odio, calidez, sentimiento de libertad o represión, su equilibrio o inmadurez emocional, sus alegrías y sufrimientos.
En ese proceso, las maestras cumplen algunas funciones de complementación maternas como la de aprobar o desaprobar al niño, aceptar incondicionalmente su individualidad, sintonizar con su curiosidad sexual, estimular su observación científica, expresión corporal, juego, socialización, las cuales deben darse evitando que la madre sienta que tiene que competir con la maestra o que ella es la paciente o alumna de la maestra.
Los alumnos de primaria que odian las matemáticas, que no disfrutan de la lectura, que tienen dificultades en sus relaciones sociales, que enfrentan con tensión y ansiedad sus estudios, que temen equivocarse y se avergüenzan, que no saben jugar con sus compañeros, que no toleran los señalamientos de la autoridad… todos ellos tienen una historia y biografía personal que se sostiene sobre las huellas que deja la educación inicial
Todos creemos que sabemos lo que es un niño porque fuimos niños, y creemos que sabemos lo que es ser padre porque somos padres, o hemos tenido padres. Por eso nos colocamos determinados anteojos para mirar a los niños, a quienes vamos a mirar en función de nuestro niño o nuestros padres. Es necesario que los maestros se saquen esos anteojos y miren con un poco más de apertura y libertad lo que realmente pasa con cada niño, cada padre y en la relación del padre y madre con sus hijos, lo que a veces es un poco difícil.
Para crecer sanamente, los niños necesitan seguridad, sentirse queridos, que se les hable. Este es el ABC de la educación inicial. La pregunta es cómo se les quiere, cómo se les habla y cómo se les da seguridad. Si se logra que los niños se sientan bien, estaremos frente a una maestra suficientemente buena. Una maestra que acierta y que se equivoca, pero que está alerta y se la juega día a día en su rol de educadora; que no teme equivocarse, pero a la vez es capaz de reconocer que si lo hace debe revisar las cosas y tratar de abordarlas de otra manera.
Para tratar estos y otros temas convencionales de un modo no convencional e integrador, he diseñado una serie de jornadas de actualización con propuestas para padres y profesores de educación inicial y otros materiales que podrán encontrar en mi página Web http://www.trahtemberg.com/ a los cuales se puede acceder libremente. La experiencia enseña que si los padres y profesores entienden estos procesos, el beneficio para los niños es enorme.

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