lunes, 1 de febrero de 2010

CANTARES DE MUJER: Educación en la calle

Por: Isabel Barrantes Zurita
isarrobles@yahoo.es

Caminaba por el centro de la Plaza de Armas, su figurita desgarbada, de unos 13 años, se perdía entre la casaca tosca, que evidentemente le quedaba grande. Sus ojos eran presa de una tristeza enorme. Su boquita pintada de un carmín barato y fuerte. Miraba a los hombres mayores, no a los de su edad, quienes parecían no existir para ella. Los hombres la miraban descaradamente haciéndole gestos impúdicos, ella trataba de sonreír…
Juancito, de unos 8 años lustrador profesional de calzado. Sabía las mil mañas para dejarlos brillantes como le gustaba a la clientela. Comenzó a los cinco, cuando acompañaba en estos trajines a su hermano de 7. Ambos sabían el efecto de la saliva, para estimular el brillo, sabían engatusar al cliente para cobrarle más de lo debido. Vivían en las calles, sin padre, su madre se ganaba la vida pelando pollos durante madrugadas eternas. ..
Emilio carga bultos desde las seis de la mañana en el mercado San Antonio, al principio prestaba la carretilla de su primo, cargador como él. Emilio se vino de Chota, escapándose de su casa en la que sus padres le daban tremendas tundas por cualquier motivo. Peleando entre ellos o con los vecinos. Un día su padre con una borrachera soberana se puso a pelear con el Timo, su vecino, éste le saco una chaveta y le cerró los ojos para siempre. Ahora se ha comprado una carretilla azul, compañera inseparable, hasta duerme en ella cuando no hay dónde estar…
Chepita, de nueve para diez años, vende cigarros en los bares de mala muerte. Vivaz, ojos brillando como chispas, a los que les gana el sueño cuando se queda a vender cigarros hasta bien pasada la noche, frisando la madrugada. Su madre es buena, pero tullida. Gánase la vida tejiendo a crochet días y noches. Casi no vende, en la esquina prestada al tiempo, por eso le ayuda de esa manera. Aprendió cómo sea a defenderse de la noche y sus peligros…
Nos cruzamos con ellos y con otros tantos, todos los días. Es común ver a los niños trabajando en estas y peores formas. Pareciera que decimos, como los planificadores estratégicos, problema que no tiene solución no es problema, es un hecho natural, con el que nos hemos acostumbrado a vivir sin darnos ya cuenta. Jaime Bayly, el más cuestionado candidato pa´Presidente del Perú, ha puesto, sin embargo un problema vital, que es su ”preocupación” por la educación de los niños. La educación de los niños debiera ser el eje fundamental de todos los programas partidarios, pues se estaría tomando la esencia de la vida de una sociedad. Ninguno hasta la fecha pone como prioridad a los niños, a los adolescentes, a los jóvenes. Los sabios de la seguridad ciudadana se rasgan las vestiduras y escriben aguerridas campañas contra los transgresores de la ley ( cuántos de ellos, de todo nivel, están coludidos con esos temibles trasgresores para que nunca acabe la violencia, la corrupción, el crimen etc. con los cuales se incrementan las riquezas que los hace grandes, poderosos y hasta la política está en sus manos) La verdadera campaña sería promover e invertir con fuerza inagotable en educación en la familia, la escuela, la comunidad, en los medios masivos de comunicación.
Quiénes se atreven a llegar a estos miles de niños que tienen, mayormente, por casa, la calle y por techo el cielo? “Los Educadores de calle”, que hace 17 años tomaron las calles como lugar de trabajo. Si bien es una política de Estado, es, en concreto, una vocación de servicio, una entrega de pensamientos, afectos y acciones que se multiplican en favor de estos niños que van perdiendo la noción de hogar, de escuela, de comunidad, de estado, de ley. Los educadores de calle como lo hace Mariela, son los únicos referentes de cariño, de respuesta, de amor, de estos miles y miles de niños que se crían en las calles, plazas, parques, casas de juego, bares, prostíbulos. Mariela está en la tarea de sensibilizar a la colectividad cajamarquina para ofrecer a estos niños las capacidades necesarias y básicas para que no se pierdan en la indiferencia de su padres, sus maestros que los dejan abandonar la escuela, de las autoridades que jamás priorizan a los niños. Felicitamos la labor de Mariela y de todos los educadores de calle de este Perú profundo y diverso.
Cajamarca, 31 de enero del 2010

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