sábado, 6 de febrero de 2010

El clima, el silencio

Por Juan de la Puente
Columnista del Diario La República


Para la gran mayoría de periodistas y por lo tanto, para los medios, los recientes desastres naturales en el centro y sur, resultado de las lluvias torrenciales, constituyen una noticia factual que permite contar muertos, desaparecidos, hectáreas arrasadas, casas destruidas y el número de damnificados. Si existe un espacio para la reflexión, esta se deriva al pasado, a la relación de la destrucción con la que ocurrió hace años. Luego, es espantoso el silencio sobre el contexto de cambio climático en el que se registran los hechos.

Las mismas cifras no se traducen en alerta. Desde el Estado y desde la noticia ni siquiera se produce una agregación de los hechos para generar un balance integral. Hay que hurgar en webs y reportes meteorológicos para realizar una aproximación: desde diciembre han muerto 27 personas por los desbordes y huaicos, se tienen más de 50 mil afectados y 8 mil casas destruidas. Solo en las regiones de Cusco y Puno se han perdido 32 mil hectáreas de cultivo, y en la primera han sido dañados 72 kilómetros de carreteras. Un cálculo preliminar del Observatorio Turístico del Perú indica que los daños al turismo en el Cusco podrían comprometer el 0.64% del PBI de este año, que equivale a 60 días de paralización de actividades turísticas.

La respuesta pública a estas desgracias es la ayuda humanitaria por parte del Estado y de la cooperación internacional y las donaciones, desde la sociedad. Ambas son necesarias, pero los peruanos no hemos avanzado más. Nuestra conciencia ambiental no se activa por una razón esencial: es dramáticamente débil. Nuestro aprendizaje social puede asociar el desastre con la solidaridad pero no con el cambio climático, sus causas y sus efectos.

Las consecuencias de lo anotado son graves. Los dos urgentes desafíos que nos plantea el cambio climático, la mitigación y la adaptación, se encuentran muy distantes del espacio público, tanto estatal como social, de modo que atendemos los desastres naturales como en el pasado, es decir, como una reposición de las cosas a la situación previa a la emergencia. En estas circunstancias, es clamorosa la ausencia de un discurso ambiental firme del Ministerio del Ambiente. Es igualmente cuestionable que el ministro del sector haya abandonado la disputa y la prédica mediática. Al parecer, el tiempo de Antonio Brack se está agotando y ese novísimo ministerio demanda otra conducción.

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