miércoles, 10 de febrero de 2010

Los niños empiezan la lecto-escritura muy temprano

Por: León Trahtemberg
http://www.trahtemberg.com/

Los expertos aseguran que cuatro y cinco años de edad es muy temprano como para que los niños pequeños empiecen a recibir una educación formal estructurada como en la escolaridad primaria. Reclaman por una enseñanza que se oriente a construir sus destrezas sociales, lenguaje y confianza a través de juegos, o simplemente conversando, en lugar de privilegiar el aprendizaje temprano de la lectoescritura y los números, como es el caso de muchos centros iniciales, presionados por las autoridades o los padres. Ese afán demuestra ser contraproducente, ya que puede socavar la confianza de los niños, poniéndolos en riesgo de dañar su motivación y aprendizaje en el largo plazo.
Todo esto está en la médula del artículo “Children start school too young — wait till they’re 6, experts say” que publicó el diario The Times de Londres el 16/10/2009. Allí el redactor John O’Leary reseña el informe más detallado y profundo que se haya hecho en los últimos 40 años en Gran Bretaña respecto a la situación de su educación básica, realizado por Robin Alexander de la Universidad de Cambridge, financiado por la Esmée Fairbairn Foundation.
El informe de 608 páginas titulado “Children, their World, their Education” tomó 6 años en realizarse y se basó en 4,000 documentos publicados así como la revisión de evidencias, informes escritos, entrevistas personales y data oficial.
Para implementar las recomendaciones se requiere un fuerte respaldo social que frene la enorme presión de estos tiempos para adelantar el inicio de la escolaridad formal en cuanto al inicio de la lectoescritura hacia los 4 ó 5 años de edad. Hay una moda perversa de introducir tempranamente altos estándares de exigencias y rendición de cuentas para lo cual se usan metas, tests, tablas de desempeño esperado y estrategias nacionales de supervisión, que distorsionan la escolarización inicial a la espera de producir beneficios muy dudosos.
Se producen distorsiones entre las prescripciones normativas y los hechos de la realidad como por ejemplo cuando en nombre del trabajo en grupo se sienta a los niños en grupos circulares –es lo que manda la norma- pero raramente trabajan en grupo; más bien colocados así, se limitan a hacer un trabajo individual.
De modo similar a lo señalado en otros informes recientes, el reporte anota que las evidencias científicas sobre las que se han basado las políticas de educación básica son muy dudosas y han sido tomados a puerta cerrada por grupos de autoridades de muy dudosa capacidad profesional y de modo muy autoritario, usando clisés y mitos del folclor ministerial para sostener sus posiciones que no tienen mayor sustento en los datos de la realidad.
Si bien el informe sugiere que debe haber un monitoreo y elevación de estándares, eso no quiere decir llenar a los niños de pruebas ni focalizar la actividad educativa en el entrenamiento para esas pruebas, por el enorme daño colateral que eso produce. Asumir que las pruebas de aptitud verbal o numérica o pruebas del tipo SAT americano que tratan la habilidad lectora y numérica como sinónimo del conjunto de la educación primaria son un disparate, y debieran ser reemplazados por un sistema de información de los logros de los niños en las múltiples áreas y actividades que comprende su educación.
El informe es muy crítico con la “teoría estatal del aprendizaje”, que sostiene que las pruebas nacionales estandarizadas, estrategias nacionales docentes, supervisión estatal y capacitación docente diseñada centralizadamente impone visiones que no tienen soporte en la evidencia científica y práctica.
El reporte aboga por una pedagogía diversificada basada en principios más que una pedagogía de recetas y prescripciones y propone una reforma de la formación de docentes para enfatizar los procesos de aprendizaje más que los resultados. Reclama una docencia que se base más en los hallazgos de la investigación moderna en pedagogía, psicología y neurociencia que clarifican cada vez más las condiciones de la enseñanza y el aprendizaje efectivo. No es función del gobierno decirles a los profesores cómo deben enseñar los temas a su cargo. Por algo ellos son profesionales –y no obreros- de la educación.
Reclama mayor apoyo a los directores en tareas no pedagógicas para que puedan concentrarse en su liderazgo pedagógico, y mayor apoyo a profesores que son nuevos en un colegio por parte de los más experimentados y talentosos.
En suma, países europeos que tradicionalmente han sido líderes mundiales de la educación hoy están viéndose forzados a revisar todos sus quehaceres educacionales, a la luz de los pobres resultados en el aprendizaje de los alumnos. ¿Cuándo haremos lo mismo en el Perú? (leon@trahtemberg.com)

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