martes, 23 de febrero de 2010

Salem 487, Vallejo y los telegramas de Antenor

Les reitero que la Universidad Privada Antenor Orrego de Trujillo (UPAO) me ha invitado a dar una conferencia al inicio de su año académico el 26 de marzo. Todos ustedes están invitados a ella. En este texto, tomado de mi novela “Vallejo en los infiernos”, se recuerda un detalle muy importante del viaje del poeta a París.

Por: Eduardo González Viaña
egonzalezviana@yahoo.com
http://www.elcorreodesalem.com/

En alta mar, Vallejo sacó de uno de sus bolsillos para leerlos de nuevo los urgentes telegramas de Antenor Orrego. Su generoso amigo lo había urgido a aceptar la invitación que él y Julio Gálvez Orrego le hacían para viajar a Francia.
TU VIAJE A PARIS RESUELTO STOP JULIO LOGRO CAMBIAR MI NOMBRE POR TUYO
STOP HAZ MALETAS HERMANO STOP ANTENOR
A ese telegrama, había respondido César con una tajante negativa. Pero Orrego insistió:
URGENTE CESAR STOP VIAJA CON JULIO STOP YA ME TOCARA STOP NOS VEMOS EN PARIS STOP NO OLVIDES JUICIO REABIERTO STOP ANTENOR
El último decía solamente:
EN PARIS ESPERATE DESTINO STOP PERU LA CARCEL STOP ANTENOR
Vallejo se había resistido a aceptar el sacrificio del filósofo, pero después de dos telegramas, el tercero apelaba a la razón más temible. El juicio había sido reabierto, y se le estaba notificando a presentarse ante el juzgado de Trujillo con apercibimiento de detención.
Cuando se dio cuenta de que la cárcel tenía otra vez la boca abierta para él, aceptó.
Salir del Perú era escapar de los infiernos. En alta mar, aspiró largamente como si quisiera alimentarse de libertad. Después, dobló otra vez los telegramas y los metió dentro de un único sobre. Dirigió la mirada al horizonte, y descubrió que el cielo se había tornado inmenso y emitía destellos de un azul obstinado.
Apenas se disipó la densa niebla, comenzaron a acercarse a las islas de Lobos de Afuera. Desde ellas, parecía salir unas voces fragantes que se confundían con los golpes y fragores del oleaje.
-Es un canto de sirenas _le explicó alguien a su lado. Vallejo lo miró de reojo. Sólo pudo notar que estaba vestido de blanco. El hombre agregó:
-Eso es lo que dicen los marinos.
El “Oroya” aceleró y se puso lejos del alcance de las sirenas que se desgañitaban llamando a los tripulantes.
El “Oroya” había salido del Callao hacia Francia el 17 de junio de 1923. El filósofo era dueño de un pasaje, pero había preferido transferírselo al poeta.
En vez de la frialdad de la crítica limeña o el infierno carcelario de Trujillo, César viajaba hacia su destino. Orrego nunca más pudo hacer el soñado viaje. En el Perú, habría de sufrir casi dos décadas de prisión por su amor a la justicia social. Sin saberlo, César Vallejo y Antenor Orrego habían intercambiado sus destinos, o acaso sus almas…

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