jueves, 4 de marzo de 2010

El circo oscurece la realidad

Autor: Guillermo Giacosa
Columnista del diario Perú 21

Hay algo de loco o de enfermo en el mundo en el que vivimos. Una lectura completa de lo que cada día trae la prensa, nos muestra, por lo menos, tres escenarios que aparentemente se mueven por canales independientes. En primer lugar, las catástrofes naturales: su relato abarca cada día el mayor número de países e incidentes más graves. A hechos imprevisibles como los terremotos de Haití y Chile se suman los hechos previsibles e incontrolables como los desbordes de los ríos, los aumentos de las precipitaciones pluviales, la furia de los vientos, las sequías, las inundaciones y la alteración, en suma, del clima planetario. En Argentina, por ejemplo, las tormentas que sumergieron a Buenos Aires no quedarán en un recuerdo sino, más bien, en un hábito con el que los argentinos tendrán que vivir. Los científicos las anuncian como habituales. Entre las causas no estrictamente naturales están los drásticos cambios en el uso del suelo –cientos de miles de hectáreas de bosques nativos reemplazadas por cultivos de cereales saturados de agroquímicos– y la concentración de gases del efecto invernadero que cambiaron la composición de la atmósfera y aceleraron la llegada a la región de los principales efectos del cambio climático: el aumento de la temperatura y las lluvias. Otro factor que delata el peligro de la intervención humana ha sido la deforestación de más de un millón de hectáreas de bosques nativos en los últimos seis años. Esto determinó la multiplicación de aludes como el que arrasó la ciudad de Tartagal.

Francia, España, Portugal, Bélgica y Alemania fueron, por su parte, castigadas con vientos de 160 km/h que dejaron un doloroso saldo en vidas perdidas y bienes destruidos. Podríamos llenar páginas con catástrofes menores, pero igualmente trágicas para quienes las padecen. Es el comienzo del panorama que viviremos en el futuro debido a nuestra incapacidad para manejar la economía en función de los límites que impone la naturaleza y dicta la racionalidad. La economía es el segundo escenario: allí, los pronósticos son contradictorios, los análisis están más comprometidos con intereses coyunturales que con la objetividad y predomina una voluntad de crecimiento que ignora el impacto que la misma puede tener sobre las furias ya desatadas de la naturaleza. Nadie osa vaticinar sobre el desenlace de la actual crisis.

Finalmente, el tercer escenario es la prensa. Una prensa que, en un mundo estrangulado entre las fuerzas incontrolables del calentamiento global y la incertidumbre creciente respecto a la marcha de la economía, se muestra incapaz de mostrar una visión de conjunto que contenga un análisis crítico y ponderado y sigue apostando, en su inmensa mayoría, a consolidar los negocios globales de los que forma parte. Nada peor en tiempos de catástrofes que una prensa maniquea y más adicta al dinero que a la verdad.
Mientras tanto, en estas tierras seguimos ocupándonos de la guerra de los circos y los tristes payasos que, complaciendo sus egos, nos permiten ser ajenos al tiempo de drama universal en el que hemos ingresado.

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