sábado, 13 de marzo de 2010

LA ÚLTIMA PALABRA

Por Mirko Lauer
Columnista de la República


Según algunos un aliciente para leer los diarios en Internet son los comentarios del público a lo que se escribe. En efecto en la red el redactor ya no tiene la última palabra. Ahora la tiene un lector, a menudo anónimo, que funciona como una suerte de control de calidad ideológico y factual del texto periodístico.
Pero aun entre estos comentaristas no se resuelve del todo la cuestión de la última palabra. Los comentarios suelen discrepar entre sí, a veces al grado de olvidarse de dar palos o elogios al texto que los reunió, y llevar adelante su propia polémica. La cual, evidentemente, les interesa mucho más, y es un palo de facto para el redactor.
En el balance último estos comentarios suelen neutralizarse mutuamente, con felicitadores y descalificadores en ambos lados de la balanza (de allí la polémica). Igual emparejamiento se da entre quienes nos enmiendan la plana con fundamento y quienes dan la impresión de simplemente no haber leído el texto.
El mundo de los comentarios es civilizado y pertinente, siempre y cuando el webmaster haga su trabajo. De otro modo ese rincón del ciberespacio se puede convertir en un festival de feroces invectivas. Pero si bien el control modera los insultos, no discrimina los argumentos, con lo cual termina siendo difícil hablar de un diálogo.
Mucho tiene que ver con el tema tratado. En mi modesta experiencia, pues no son tantos los que se toman la molestia de comentarme, lo que más enciende furias entre las comunicaciones que llegan es Alan García y Chile, en ese orden. En cambio hay otros temas (no diré cuáles) que no convocan un solo comentario.
¿Cuánto influye este nuevo espacio de opinión? Depende mucho del redactor. Si este puede imaginar que todo lector, con acceso a Internet o sin él, tiene una opinión sobre sus textos, entonces el efecto se verá muy reducido. Pero un redactor con la piel demasiado delgada se puede volver verdaderamente loco.
Los periodistas hemos tenido que aceptar Internet también como un proceso de constante evaluación. Pues no solo están los comentarios. También hay un mecanismo permanente para que los lectores le pongan puntos de calificación al texto, y otro para medir cuál es el que va ganando la competencia por más clicks en la red. Todo para mayor gloria del mercado.
Lo que todavía no se ha producido es el transvase del cúmulo de opiniones espontáneas de la red hacia los espacios de los medios impresos. Como los comentarios son a lo ya publicado, tampoco hay aquí manera de que la liebre alcance a la tortuga. Algo de alivio y consuelo para quienes todavía vivimos amarrados a las rotativas.

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