viernes, 12 de marzo de 2010

MALTRATO A PROFESORES Y ALUMNOS

Por: León Trahtemberg
http://www.trahtemberg.com

Promotores y directores me consultan sobre las claves para una educación de calidad. Les digo que depende del buen clima institucional basado en un buen trato a los profesores. Es lo opuesto al clima institucional distante y hostil con los profesores que es indiferente a sus ideas o sentimientos, impone condiciones laborales y salariales denigrantes, incumple acuerdos, acosa y acusa, liquida sin apego a los derechos de los despedidos...
Promotores que inspiran o avalan estas políticas y directores que las encarnan y asumen son contradictorios con la relación que tendrán estas mismas autoridades y profesores con los alumnos. A ellos les prometen buen trato y educación de calidad, pensando que ese maltrato no se filtrará al vínculo con los alumnos. Algo así como asumir que si el marido maltrata y agrede activa o pasivamente a su esposa (o al revés), eso no afectará a sus hijos...
Parece ser que no logran entender que cuando los directivos de una institución tratan mal al otro, no hay diferencia entre ser profesor o alumno. El "otro" (prójimo dirían los teólogos) es todo aquel con quien me relaciono y con el cual, a través del tipo de vínculo que establezco, expreso mis valores y mi manera de pensar respecto a mí mismo y respecto a los otros seres humanos.
Esto se expresa claramente en la manera cómo los directores escogen a sus colaboradores más cercanos. Estos suelen tener el mismo concepto de los valores y la manera como hay que tratar al prójimo (profesores o alumnos) que manifiestan sus jefes. Aquí no hay excepciones, porque todos se vuelven parte de una maquinaria que comparte el mismo ADN sicológico institucional al cual avalan, así sea pasivamente. Lo curioso es que la experiencia muestra que esta misma cúpula terminará siendo víctima de su propio trato, porque lo que le hacen hoy a uno se lo harán al otro mañana, no importa si es o fue un colaborador cercano o un trabajador periférico.
La educación integral de calidad sólo es posible en un ambiente sicológico y profesionalmente sano y coherente. Lo contrario será sólo una frustrante ficción.

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