jueves, 25 de marzo de 2010

SILLONES REGIONALES, MÁS CÓMODOS DE LO QUE PARECÍAN

Por: Mirko Lauer
Columnista del diario La República

Una nota de Flor Huilca anuncia una racha de deseo reeleccionista entre las presidencias regionales, señal de que el cargo se ha vuelto atractivo a pesar de los conflictos sociales. Solo tres de los 25 presidentes han sido claros en negar la posibilidad. Siete ya anunciaron que van, y el resto apela al clásico juego de la duda.
¿Cómo andan las apuestas en el tema? Si bien la cosa es caso por caso, son muchos los reeleccionistas con algunas evidentes ventajas. Son nombres conocidos, que han contado con fondos nunca antes vistos para administrar y lo han hecho en un clima de fuerte crecimiento económico, lo cual a menudo ha significado megaproyectos en la región.
Además en esta oportunidad la competencia de los partidos nacionales va a ser limitada, pues muchos están optando por aliarse con movimientos regionales en lugar de lanzar su propio logotipo. Lo cual a primera vista parece una ventaja adicional, pero podría terminar poniendo recursos limeños en manos de algún rival.
Pero si muchos partidos de Lima se van a limitar a tomar franquicias políticas locales, el partido de gobierno sí parece decidido a recuperar algunas de las 12 regiones que ganó en el 2002. Aun dentro de los cauces regulares, el peso del Ejecutivo y los congresistas en una elección con esta se va a dejar sentir en todo el país.
El callejón oscuro más peligroso es el de los conflictos sociales, con su capacidad de polarizar las opiniones en una zona y de descolocar a cualquier candidato, en especial si es oficialista. Aunque no descartemos que presidentes como los de Áncash o Puno hagan sus campañas precisamente sobre la cresta de la ola de algún conflicto.
Un escollo adicional es la poca disponibilidad de encuestas en la mayoría de las regiones, lo cual obliga a todos los candidatos a volar sin instrumentos frente a electorados donde es fuerte el localismo. Por lo pronto no se sabe todavía si los reeleccionistas son los favoritos en sus respectivas regiones.
Las encuestas revelarían si todas esas mayorías reducidas que llevaron a la victoria en el 2006 se han incrementado. En la medida que la fragmentación del voto siga siendo la norma regional, sería sañudo que algún presidente aspire a reelegirse si su intención de voto está por debajo de lo que logró obtener la vez pasada.
Debemos felicitarnos que el cargo de presidente regional se haya vuelto tan atractivo y estable como para inspirar tan difundidos deseos de reelegirse. Con las salvedades del caso, y al margen de quién es el aspirante, la continuidad en el cargo parece ser una buena cosa en espacios que recién están consolidando élites administrativas eficaces.

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