sábado, 10 de abril de 2010

ANTENOR ORREGO, EL HOMBRE QUE SE CONVIRTIÓ EN UNA ESCUELA

A Guillermo Guerra Cruz, Rector de la UPAO

Hace un par de semanas, la Universidad Particular Antenor Orrego de Trujillo me otorgó a mayor condecoración académica que ofrece, el Doctorado Honoris Causa. Quiero recordar algo de lo que entonces dijera.

Por Eduardo Gonzalez Viaña
egonzalezviana@yahoo.com
Correo de Salem: http://www.elcorreodesalem.com/

Recuerdo la historia de un filósofo que se había cansado de la sabiduría humana y se hallaba sumergido en un fondo triste de escepticismo y soledad.
Una tarde, paseando frente al mar, creyó escuchar una voz infantil que acaso venía del cielo o que tal vez lo llamaba detrás de una ola. El niño le decía:
-Toma y lee. Toma y lee.
Se llamaba Agustín, (el futuro San Agustín) y él mismo nos ha contado que esa fue su primera revelación del conocimiento humano. Leyó unas páginas de la Biblia y sintió que la gran maravilla del conocimiento radica en que es siempre incompleto como la pequeñez de un hombre frente a la serena inmensidad del mar.
Traigo a la memoria el recuerdo del Padre de la Iglesia porque esa fue exactamente la concepción que Antenor Orrego tenía del conocimiento. “Nunca lo recibirás completo ni terminado. Conténtate con la mitad del conocimiento. La otra mitad es la que tú buscarás toda la vida.”
Nacido para maestro, lo fue de César Vallejo que, como él había nacido en 1892. Lo fue también de Carlos Valderrama, Alcides Spelucín, Francisco Xandóval, Macedonio de la Torre, Víctor Raúl Haya de la Torre, de todo un conjunto de jóvenes asombrosos que apenas pasaban de los veinte años de edad pero que ya soñaban con innovar la estética, darle nuevos contenidos a la música y al poema, morir buscando la verdad, unir a los pueblos de América Latina y edificar una sola patria grande, común y libre.
Se conocieron en Trujillo. Nunca en el Perú y pocas veces en el resto del mundo se ha reunido en una sola ciudad un grupo tan prodigioso.
“Te lo repito. Nunca recibirás completo el conocimiento. Siempre te faltará una clave. Te pasarás la vida buscando esa palabra secreta.”
Estamos viendo en nuestros cines una hermosa versión en tercera dimensión de “Alicia en el país de la maravillas”. Como recordarán ustedes, de la misma forma que ocurre siempre en los sueños, Alicia no sabe exactamente donde está ni hacia donde se encamina. Sabe que debe correr en busca del Conejo Blanco y hacerle las preguntas indicadas. Buscar al Conejo Blanco es el camino de la sabiduría.
¿Y qué tiene que ver esto con la universidad? La universidad debería ser el inicio de una búsqueda del conocimiento y una permanente investigación que nunca terminará de saciarse. Cito a Orrego:
“Los estudiantes quieren una amplia base de integración humanista porque no quieren ser simples insectos especializados en una profesión lucrativa. Por eso quieren, ante todo, maestros que tengan un verdadero formato humano, un verdadero porte moral, una auténtica dimensión ética que los haga capaces de cualquier renunciamiento en aras de un interés superior. Porque solo de ellos surgirá la universidad nueva del futuro.”
Y lo cito otra vez:
“Todas las verdades universales deben enseñarse y profesarse en la universidad, pero reelaboradas, repensadas, re-creadas y re-interpretadas, en cierta manera, por maestros y estudiantes. Esto se llama forjar cultura bíblica y dinámica y no cultura yerta de textos literales, cultura rutinaria y de repetición simiesca”.
Por sostener estas verdades sobre la universidad y otras muchas sobre la patria, por demandar el cumplimiento del sueño de Bolívar y la unión de los pueblos de América Latina, miles de hombres y el propio Orrego entre ellos sufrieron afrentas y prisiones innobles y cinco mil trujillanos fueron ejecutados en 1932 a dos kilómetros del campus de la UPAO en los paredones sangrientos de Chan Chan.
Cuando su amigo, el joven Víctor Raúl Haya de la Torre le dijo que ansiaba organizar un partido político para ejecutar el cambio y la revolución socialista, discrepó de él.
-Partido, no. Escuela.- dijo fiel a su formación anarquista. –Una escuela para que los indios, los campesinos y las clases medias conozcan sus derechos y luchen por conquistarlos.
De esa concepción libertaria, nacieron las Universidades Populares González Prada. El resto es historia.
Cuando paseo por el campus de la Universidad Particular Antenor Orrego y veo que es una de las casas de enseñanza más importantes de América Latina, me convenzo de que es bello pasarse la vida, como lo hizo Orrego, buscando la palabra perdida. Y me doy cuenta además de que un hombre, movido por una pasión, al morir puede transformarse en una escuela.

1 comentarios:

OKS dijo...

Si me gusto la nota, y sobre todo hacer incapie en las palbras sabias de Antenor Orrego, espero que sigan saliendo mas notas asi.