martes, 27 de abril de 2010

DE OLAS Y TUMBOS

Autor: Carlos Basombrío
Fuente:
Diario Perú 21

Las elecciones en Colombia parecían un simple trámite para reelegir a Uribe, pero la Corte Constitucional invalidó su candidatura. Aun así, y con solo dos meses para campaña, todo indicaba que la elección se definiría entre los candidatos que se disputan su legado. De hecho, hasta hace poco, dos de ellos (Santos y Sanín) eran fijos en la segunda vuelta. Pero la política a veces da sorpresas, y llegó lo que en Colombia se conoce como la “ola verde”, dando cuenta del sorprendente ascenso de la dupla Mockus/Fajardo. Todo empezó meses antes con la alianza de tres exitosos y prestigiados ex alcaldes de Bogotá –Peñalosa, Garzón y Mockus– conocidos como “los tres tenores” porque entraban al Partido Verde como pares. Ellos sometieron sus precandidaturas a consideración popular en una primaria abierta que se realizó en simultáneo con las elecciones parlamentarias. Esperaban 600 mil votantes y llegaron 1 millón adicionales. Ganó Mockus y, además, los Verdes obtuvieron una inesperada representación en el Senado. Nacía “la ola verde”. Luego, cuando Sergio Fajardo (otro exitoso ex alcalde, esta vez de Medellín) depuso su propia candidatura y aceptó ir como vice de Mockus, vino el furor. El fenómeno ciudadano (por fuera de todos los partidos establecidos, en un país en donde estos importan) se explica en parte porque los cuatro personajes mencionados han roto el caudillismo y tenido la modestia de trabajar juntos; pero, quizás más todavía, porque los cuatro están asociados no solo al éxito en la gestión, sino a valores infrecuentes en política como verdad, transparencia y honestidad.No estamos ante una polarización derecha/izquierda. De hecho, esta última va con Gustavo Petro, del Polo Democrático, y le va mal en las encuestas. Lo que hay detrás de Mockus es la ilusión de que la política pueda ser, a la vez, eficiente y limpia. Ya Mockus le respira en la nuca a Santos. Es más, alguna encuesta lo da como ganador en la segunda vuelta. Más allá del resultado, la ola verde ya ha servido para poner aire fresco a un ambiente político que andaba tan enrarecido como el nuestro.A la distancia no cabe sino experimentar envidia y nostalgia. Es verdad que aquí hay una olita (quizás solo un tumbo) de reacción ante la podredumbre en que de nuevo se mueve la política. Es cierto que hay mucha gente que no olvida lo que fue el fujimorismo, que hoy quiere regresar con piel de cordero, y que, a la vez, está asqueada con las diarias revelaciones de la saga interminable de los 'petroaudios’. Es verdad que es muy importante la discusión sobre una línea clara frente a los corruptos (¡ya era hora de que Lourdes achuntara una!), pero, en conjunto, la reacción es aún tímida y muchos siguen tolerando “que roben pero hagan obras”. ¿Seguiremos de tumbo en tumbo o también vendrá la ola?

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