miércoles, 28 de abril de 2010

DENUNCIAS, UNA MONEDA CON VARIOS LADOS

Por Mirko Lauer
Fuente:
Diario La República

Hay coincidencia en que los escándalos político-militar-mediático-corruptivos de estos días afectan al Apra, ¿pero a quién benefician? Los opositores vienen denunciando al partido de gobierno desde el primer día, pero hasta hace poco nadie pensó que esa fuera la clave de su éxito en las encuestas. Eso parece estar cambiando a toda velocidad.
A Lourdes Flores le ha ido bien rayando la cancha entre decencia y corrupción, y eso más los escándalos de la hora ha llevado a algunos candidatos a pisar el acelerador de la anticorrupción. Es el caso de Ollanta Humala y Alejandro Toledo, que vienen disputando el tercer lugar en la intención de voto para el 2011.
Para que estos candidatos se beneficien realmente tienen que suceder dos cosas. Una es que el predicamento del Apra se les contagie en serio a sus socios políticos del fujimontesinismo. Otra es que la campaña de acusaciones a la gestión de Luis Castañeda despegue y capture la imaginación pública. Nada de esto ha sucedido todavía.
Pero la cuestión de fondo electoral no es cuán manchada llegue la pechera de un candidato, sino cuánto peso tienen esas manchas a la hora en que la ciudadanía decide el voto. Un decenio de campañas contra Alan García con el tema de la corrupción se evaporó en el 2001. Alberto Fujimori conserva popularidad a pesar de las evidencias y las condenas.
Sin embargo en estos días no hay candidato que no esté bailando el alcatraz con alguna denuncia. Algunas son serias, otras veniales, todas en realidad buscan pasar a algún político por el callejón oscuro de los medios. La idea es que un público moralista va a indignarse, y de allí pasar al abierto repudio. ¿Sucede así?
Este lunes en su columna Augusto Álvarez se quejaba del poco impacto del tema en la conciencia pública, y llegó a sugerir que la anticorrupción es un poco corrupta ella misma (“Se la usa como chaira”). Quizás esto tenga algo que ver con la abundancia de denuncias sin demostración o secuela que circulan en el ambiente.
La anticorrupción electoral tiene sus bemoles. Para un candidato hacer denuncias concretas, incluso con buenos argumentos, es hacerse de una imagen polémica y correr el riesgo de cederle espacio a un tercero en discordia. Al público le atrae elegir sin conflictos, no que lo obliguen a tomar decisiones en virtud de principios.
De modo que no nos sorprendamos si la respuesta final a quién se beneficia con los escándalos de estos días sea: nadie se va a beneficiar. Es poco probable que los votos que pierda el Apra vayan a los moralizadores. Es poco probable que alguien se conmueva con las promesas anticorrupción de los candidatos en general.

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