lunes, 26 de abril de 2010

EL DESARROLLO CON DESIGUALDAD: ¿ES DESARROLLO?

El Gobierno Central aún tiene tiempo de revertir en algo esta situación. Pero, sobre todo, los candidatos a las próximas elecciones municipales y regionales

Editorial del Diario El Comercio
Lunes 26 de abril de 2010

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha destacado en su Informe Anual 2009 que la preocupación por los países ricos, atrapados por las fragilidades de la globalización, no debe hacer perder de vista las preocupaciones cotidianas de las naciones pobres, donde aún prevalecen disparidades abismales que el crecimiento macroeconómico no ha podido resolver.
La atingencia tiene que llamar la atención del Estado Peruano. Si bien el Perú ha mejorado en materia de esperanza de vida, alfabetismo, escolaridad e ingreso familiar; según el último Índice de Desarrollo Humano del PNUD, aún no llega a todos los peruanos ni a todos rincones del país, donde su presencia no es percibida.
Y es que las diferencias sociales entre Lima y el resto de las regiones del país son abismales. En materia de salud, por ejemplo, Huancavelica sigue siendo la más desamparada. Allí hay apenas 5,7 médicos por cada diez mil habitantes, cuando lo recomendable es como mínimo 10.
En educación hay avances de cobertura: la asistencia de alumnos a la secundaria subió de 45,5% (1993) a 73,7% (2007). Sin embargo, la calidad sigue siendo tarea pendiente hasta que no se la vincule con políticas integrales que favorezcan la nutrición, servicios básicos y el desarrollo de las ciudades.
Justamente, el PNUD establece que más 1’600.000 hogares peruanos no tienen luz. Mientras Lima y Callao alcanzan el 93,1% de cobertura, en Cajamarca, Huánuco y Amazonas ese índice no llega ni siquiera al 50%. Qué decir del saneamiento. Más del 32% de las viviendas en el Perú, unos 250 mil inmuebles, carecen de conexiones de agua y desagüe. Si en Lima el 7,4% no tiene ese servicio, en Huancavelica 80% no conoce qué es el saneamiento ambiental. Evidentemente, la dispersión territorial de las familias que viven en las zonas rurales constituye una dificultad para que estos servicios básicos lleguen a todos.
Pero hoy más que antes existen recursos disponibles para, por lo menos, comenzar a reducir tan deshonrosa brecha social que solo perjudica a los más pobres.
De otro lado, no se necesita mucha inversión para garantizar que cada peruano disponga de un documento de identidad. Sin embargo, unos 760.000 conciudadanos carecen de DNI, con lo cual la afectación es doble: no solo no existen para los registros civiles, sino que tienen las puertas cerradas para acceder a la educación, la salud pública e incluso los programas sociales.
La inseguridad ciudadana es otro déficit, a pesar de las graves consecuencias que depara al desarrollo del país. Ni siquiera Lima cuenta con la tasa mínima de policías.
El Gobierno Central aún tiene tiempo de revertir en algo esta situación. Pero, sobre todo, los candidatos a las próximas elecciones municipales y regionales son los más comprometidos con la realización de esta agenda social pendiente.
Su responsabilidad es enorme, más aun en el caso de aquellos que aspiran a ser autoridades en Huancavelica, Apurímac, Ayacucho y, en general, en las regiones más olvidadas. Por eso, en los próximos comicios, los electores debemos votar por aquellos que se comprometan a reducir la pobreza y sus penosas disparidades, preservando así los valores de la democracia.

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