miércoles, 13 de octubre de 2010

¿TU VECINO PUEDE SER EL OUTSIDER? MÍRALO BIEN

Por: Mirko Lauer
Fuente:
Diario La República

A pesar de la sorpresa en las elecciones de Lima, las vísperas de campaña presidencial 2011 todavía no consideran al outsider. Al cual se le espera, si acaso se le espera, como una suerte de chupacabras político, como una revelación súbita y por lo general tardía, capaz de hacer tiras al rebaño convencional.
Hasta setiembre pasado parecía que la era del outsider había sido superada. Con Ollanta Humala, la sorpresa del 2006, instalado en una baja intención de voto, el centro-derecha venía siendo una carta ganadora. Pero con casi 40% del baluarte derechista limeño volcado hacia una candidata de izquierda, ya nada se sabe.
La sorpresa fue doble, pues solo los politólogos conocían de la existencia de una izquierda moderada y moderna con capacidad de liderar una campaña hasta el final. Más recóndita todavía era la existencia de una masa de electores limeños dispuestos a jugar esa carta, en abierto desafío a la máquina propagandística de la derecha imperante.
Esto no necesariamente significa que un próximo outsider vendría de alguna rama de la izquierda. Lo único seguro, de acuerdo a una experiencia que viene desde Ricardo Belmont 1989, es que surgiría a contrapelo del sistema de partidos en ese momento. Quizás es el momento de recordar que al outsider Belmont siguió el outsider Alberto Fujimori 1990.
En esa época los recién llegados se llamaban independientes, una palabra que connotaba rechazo a los partidos y virginidad electoral. Con el tiempo pasó a sugerir más bien transitoriedad sin mucho compromiso, y fue dejada por el camino. Además muchos movimientos independientes se volvieron partidos establecidos.
Uno de los perfiles tentativos es que el próximo outsider podría ser líder de un partido pequeño, quizás hasta con una inscripción prestada, un discurso poco confrontacional y casi nada ideológico, una carrera política breve y errática, una historia personal rica en anécdota. Alguien a quien hemos mirado en más de una ocasión, pero visto muy poco.
Es menos probable que el próximo outsider venga de la política del interior del país, o que sea un disidente de un partido establecido, o que venga de una carrera exitosa como profesional o empresario de alto perfil. Este tipo de figura parece ser automáticamente asociado con el orden establecido, y en consecuencia no moviliza adrenalina.
El outsider de campeonato es el que surge de la nada, o casi, y gana una elección. Pero no es la única posibilidad. También existen candidatos sorprendentes que no ganan, pero que al abultar de pronto su votación le dan un giro inesperado a una elección que parecía más o menos decidida. Son los temidos fantasmas de la segunda vuelta.

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