miércoles, 10 de noviembre de 2010

KEHATI: LA EDUCACIÓN PIERDE FRENTE A LOS MEDIOS Y LAS TICS

Por: León Trahtemberg
http://www.trahtemberg.com

El prestigioso educador israelí Eliahu Kehati, (que pasó una temporada en el Perú dirigiendo el colegio León Pinelo) reflexiona sobre las posibilidades que tiene la educación frente a la monumental fuerza de la informática, internet y los medios de comunicación. Dice que ya no es novedad escuchar que el uso intensivo de la TV e Internet vienen a cuenta de otras actividades educativas como el deporte, lectura, juegos o actividades sociales juveniles y comunitarias. Pero además, están produciendo un debilitamiento de los valores y referentes sociales que llevan a la confusión entre el bien y el mal, como explica el filósofo francés Paul Virilio.
La informática trae beneficios pero también peligros: desempleo, especulaciones financieras, desinformación social, etc. Por su parte los medios de comunicación aportan, no poco, al debilitamiento de la habilidad lectora, la reducción del número de visitantes a las bibliotecas, museos, actividades sociales, etc. Tenemos servicio a domicilio con gran rapidez.
También el mundo del comercio se ha transformado. La revolución comercial en nuestros días, con ayuda de los medios de comunicación (TV, radio, periódico, publicidad, etc.) lleva a los consumidores a demandar más de lo que necesitan. Para ello se les ofrece a través de Internet múltiples ilusiones compensatorias, creando un mundo virtual lleno de ilusiones como reemplazo de la realidad. Esas compras vienen asociadas además a la idea de que eso da status y genera una sensación de pertenencia social. Todos compran, todos nos parecemos, todos pertenecemos, y todos estamos “in”. En esencia, son otros los que piensan y crean necesidades a través de los medios de comunicación y la gente se limita a consumir.
No sorprende por tanto el debilitamiento del sistema educativo frente a los medios de comunicación. Cuando el ranking domina la cultura y la publicidad define los valores, la educación no puede hacer mucho.
El sociólogo americano David Reizman habla de “la muchedumbre solitaria” para referirse a esta actitud de ser individuos pero haciendo lo que todos hacen en aras de ser socialmente adaptados y aceptados. El niño aprende que todo lo que tiene, su personalidad, talentos o acciones, no tienen un valor en sí mismos, sino solo en la medida que eso impresiona a otros.
Frente a eso la educación, -que siempre ha estado desfasada de los avances de la cultura, ciencia, tecnología, economía, ciencias sociales- sigue respondiendo con las (obsoletas) herramientas del pasado. Pero si por alguna razón se producen presiones sociales o políticas para modernizar la educación, lo que hacen las autoridades es agregarle ingredientes (paliativos) de distintas formas, como talleres, nuevos contenidos curriculares, salones de cómputo, de modo que su presencia tranquilice a la opinión pública haciéndole creer que se están haciendo grandes avances.

La escuela seguirá convirtiendo los valores o actitudes sociales en contenidos curriculares que tan solo preparan a los niños para ir a la universidad en vez de ser experiencias que pueden ser vividas e interiorizadas intelectualmente. La sociedad los educará para ser cada vez más egoístas en lugar de ser creativos en la promoción del cambio social y mejoramiento del mundo.
Por lo tanto los colegios deberían cultivar la personalidad a partir de la confrontación con los problemas de la sociedad y cultura determinada, y ayudar a los alumnos para que puedan enfrentar estos problemas.
De no movilizarse simultáneamente padres, instituciones, profesores, políticos y otros factores relevantes para alcanzar una educación significativa, será poco lo que se avanzará. Por eso la postura de Kehati es un tanto pesimista, no respecto a las capacidades de la educación, sino respecto a la existencia de un liderazgo político con visión y coraje político para llevar a cabo una verdadera acción transformadora que rompa las dificultades que devienen del interior y del exterior del sistema educativo que se resiste a cambiar.

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