jueves, 18 de noviembre de 2010

NO SE DEBE REPETIR FIASCO ELECTORAL

Fuente: Diario El Comercio

Está en manos del Congreso de la República, así como de las máximas autoridades del sistema electoral, aprobar todas las modificaciones necesarias para evitar que, en las inminentes elecciones generales de abril, se repitan los escandalosos retrasos y excesos que ensombrecieron los recientes comicios regionales y municipales.
Como es público, el dilatado recuento de votos genera un círculo vicioso de incertidumbre y rumores que finalmente atiza la desconfianza ciudadana y desprestigia el sistema democrático. Por ello, sin descuidar el proyecto piloto para instaurar en el futuro mediato el voto electrónico, es conveniente que el presidente del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Hugo Sivina, y la jefa de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Magdalena Chú, hayan presentado sendos proyectos para superar las trabas legales, algunas promovidas por ellos mismos, para hacer más fluido, ordenado y rápido el conteo de votos.
El JNE plantea tener solo tres actas de sufragio, que los órganos especiales estén en una sola sede y que los jurados electorales sean integrados por vocales, fiscales y abogados. Con ello se busca reducir las numerosas firmas que se exige hoy a los miembros de mesa y las consiguientes impugnaciones de actas (¡6.340, es decir 26% del total por errores de los miembros de mesa en Lima!), así como establecer plazos y mecanismos más expeditivos para resolver reclamos.
La ONPE, por su parte, pide que no se use tinta indeleble y que mayores de 70 años no sean miembros de mesa. Todos son planteamientos sensatos, ante los cuales no puede haber oposición, por lo que deben ser aprobados de inmediato para que puedan ser aplicados en las elecciones de abril.
Lo que sí debe evaluarse con más detenimiento es la propuesta de cambiar el cronograma electoral, pues el proceso ya se ha iniciado con la renuncia de funcionarios, el lanzamiento de candidaturas y los intentos de formar alianzas.
Por ello, cualquier modificación calendaria implicaría cambiar las reglas de juego, afectaría las candidaturas y produciría un nuevo caos burocrático electoral. En todo caso, la iniciativa podría ser debatida luego, para aplicarla en futuras elecciones después de las de abril.
El interés nacional está primero. Esta vez el Congreso –que antes frustró absurdamente la aprobación de importantes iniciativas como el voto facultativo– debe reivindicarse y asumir su responsabilidad en fortalecer la estabilidad y dinamismo de un sistema electoral, que debe ser no solo imparcial sino también eficiente, expeditivo y confiable.

Pero, además, las autoridades electorales del JNE y la ONPE tienen que ser autocríticas y reconocer su parte de culpa en la dilatada proclamación de ganadores de los comicios.
Ahora les toca promover acercamientos y superar las fricciones y pulseos personalistas de poder, que dan lugar a normas absurdas, con ingente desperdicio de papel y de valioso tiempo, que terminan afectando la operatividad electoral y credibilidad del sistema democrático.

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