jueves, 9 de diciembre de 2010

PLANCHA QUEMADA

Por Mirko Lauer
Fuente: Diario La República

Es la hora de designar vicepresidentes para la campaña, una actividad que según los especialistas es decisiva para el éxito en campaña. Se supone que los compañeros de plancha adornan, complementan y expanden hacia los costados la imagen del candidato presidencial. Pueden ser su mensaje al electorado, o la expresión de una alianza, o ambas cosas.
Los coplanchistas suenan mucho al momento de ser designados, pero luego se vuelven una zona borrosa de la campaña. Pues adornar, complementar y expandir se vuelve algo difícil cuando la consigna tácita es no opacar al candidato. De modo que primer y segundo vice tienen que ser interesantes, y hasta atractivos, pero no tanto.
Luego está la naturaleza sombría del encargo: los vices están allí por si el titular fallece o es vacado del cargo. Ninguna de las dos cosas es muy frecuente, y a la hora de los loros no siempre la sucesión sigue la norma, pero igual un vicepresidente es un memento mori ambulante. No sorprende que pocos le hayan caído simpáticos a su presidente.
Pero mientras se llega a esas oscuridades virtuales, allí están las flamantes planchas como oportunidad, y con tres opciones básicas: encarnar una alianza, contrapesar las carencias del candidato o reforzar sus aspectos más atractivos. Rara vez se considera a quién quisiera el candidato dejarle en herencia el cargo.
La plancha del fujimorismo es un clásico del contrapeso: un curtido peleón de la política y un tecnócrata encarnan parte de lo mucho que le falta a la candidata. La plancha del Apra también será de contrapeso, y buscará un viraje de vuelta al perfil partidario. Lo mismo sucederá con la del humalismo, que buscará figuras tranquilizadoras.
En cambio las planchas del castañedismo y el toledismo serán reforzadoras: buscarán figuras que no distraigan del candidato. En cambio la Alianza para el gran cambio llevará representantes del gran pacto, probablemente investidos de tareas en diversas regiones. La plancha, entonces, revela la estrategia de campaña.
¿La plancha influye en la votación? Que se sepa, no mucho, por no decir casi nada. Los reflectores mediáticos apenas tienen lugar para un puñado de candidatos, de modo que los acompañantes rápido se caen de la atención pública. A menos que se les encuentre algún anticucho suculento, en cuyo caso la publicidad corre por cuenta de los rivales. Si los enemigos políticos no llegan a liquidar la plancha en campaña, el candidato ganador se encarga de ello apenas instalado en Palacio. Alberto Fujimori simplemente los mandó al diablo el primer día. Otros presidentes han preferido una mezcla de indiferencia y buenos modales. Nada más sacrificado que un vicepresidente ganador.

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