jueves, 6 de enero de 2011

DOCTOR EN ECONOMÍA, OXFORD, HARVARD, STANFORD

Por: Mirko Lauer
Fuente:
Diario La República

A la luz de la experiencia pasada, el anuncio de que una hoja de vida con datos falsos causará el retiro del candidato que la haya producido parece una mala broma, pero es una disposición importante. No importa que las mentiras curriculares hayan producido casi cero sanciones en el pasado. Este es el tipo de sanción en la que es importante persistir, y una de las maneras de ir saneando las zonas erróneas de la política.
Por allí se ha dicho que tres meses es poco tiempo para detectar y sancionar a los candidatos mentirosos. Aunque siempre puede presentarse casos ejemplificadores que asusten a los demás. La sanción puede extenderse y reforzarse para el caso de los que lleguen en abril. Se podría comenzar con los candidatos que aspiran a la reelección, y cuyas hojas de vida son de dominio público desde hace varios años, algunas incluso conocidas piezas bamba.
En la era de la computadora no debería ser tan difícil cotejar las hojas de vida, todas o por sondeo aleatorio, con las listas de títulos universitarios del país, por ejemplo. O peinar los diversos registros públicos de la propiedad. Es cierto que muchos de esos títulos no valen ni el papel sobre el que están impresos, pero sin duda su listado serviría para detectar supercherías. ¿Existen esas listas?
Los propios partidos anuncian que están revisando las hojas de vida de sus precandidatos al Congreso, hecho positivo y a la vez sintomático del carácter aluvional de este tipo de selección. En la versión más generosa, las cúpulas hasta aquí han demostrado tener un conocimiento imperfecto, por decirlo de alguna manera, de las personas a las que van a confiar su representación.
¿Por qué mentir en una hoja de vida? El caso más grave es el ocultamiento de impedimentos legales, léase sobre todo penales, para candidatear, en lo que constituye un nuevo delito de la persona, en la línea de la falsedad genérica, puesto que la hoja de vida es una declaración jurada. Sin embargo este Congreso y los pasados han encontrado situaciones así, y salvo uno o dos casos, no han podido hacer nada al respecto.
Luego hay mentiras menos serias, como fingir logros académicos o impostar méritos varios, práctica que se realiza sobre todo para influir en el proceso de selección interna, ya que la Constitución no reconoce tales diferencias, y es notorio que a los votantes no les interesa si el candidato de sus amores es doctor o si solo tiene primaria completa.
Quizás la norma recién emitida se podría ir perfeccionando. Es clave algún tipo de criterio para establecer cuándo se ha producido una mentira o una media verdad, preaviso clave a la hora que el afectado recurra a otra instancia, a los medios, o al espíritu de cuerpo de los colegas felinos para defenderse.

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