miércoles, 5 de enero de 2011

POBREZA Y DESARROLLO RURAL

Por: Pedro Francke
Fuente:
Bajo La Lupa

En nuestra patria, la pobreza se concentra en las zonas rurales, donde el porcentaje de población que es pobre supera el 60 por ciento, tres veces más que en las ciudades. Este es el principal reto en términos de pobreza, inequidad y exclusión que debemos afrontar como país en los próximos años. Comenzando el 2011, presentamos algunas ideas al respecto.
La mayor parte de la población rural está en la sierra y en la selva, donde las condiciones geográficas y culturales son particulares, y donde el crecimiento económico ha sido más lento. Debemos partir reconociendo que casi no hay lugares en el mundo donde haya un desarrollo económico y humano avanzado encima de los 3,000 metros de altura, o en bosques tropicales separados de la costa por cadenas montañosas de 6,000 metros de altura.
En estas regiones, las posibilidades de optar por productos industriales, intensivos en empleo, se ve frenada por la dispersión y poca capacidad adquisitiva de la población, a lo que se añaden los mayores costos de transporte, además de las carencias de mano de obra calificada e insumos y servicios críticos.

CAMBIO TECNOLOGICO, GEOGRAFIA Y EDUCACION
La experiencia internacional muestra que el crecimiento económico se debe fundamentalmente al aumento de la productividad gracias al cambio tecnológico. Hay varias razones por las cuales ese proceso es más difícil y lento en las zonas rurales de la sierra y selva.
La primera es que muchas tecnologías de los países avanzados tienen mayores dificultades de aplicación en estas zonas debido a sus condiciones geográficas y culturales. Pocos o casi ninguno de los productos agropecuarios que se han masificado en el mundo, como el trigo o el arroz, se dan bien en la sierra. Las diferencias de idioma y el atraso educativo añaden a esta dificultad.
Una segunda razón es que la sierra y selva tienen además una gran variedad de zonas con condiciones ecológicas distintas entre sí, ya que nuestro país tiene el 80 por ciento de las zonas ecológicas identificadas en el mundo. Además, tenemos archipiélagos de zonas ecológicas discontinuas, que están poco conectadas entre sí por redes viales lo que dificulta la difusión de nuevas tecnologías. Por ejemplo, el café que se cultiva sobretodo en ceja de selva, se concentra en zonas tan lejanas y desconectadas entre sí como Jaén-San Ignacio-Bagua, Chachamayo-Satipo, La Convención y Sandia. Cada una de estas zonas está incluso relativamente desconectada de su capital departamental. De tal manera que nuevas tecnologías aplicadas en una zona, demoran en conocerse en replicarse en otras.
A contracorriente, un reciente artículo en la Revista de la CEPAL de Carlota Pérez resalta las posibilidades actuales de productos que pueden tener una alta diversificación. Por ejemplo con los cafés, lo que fue tradicionalmente un commodity ha venido diferenciándose crecientemente tanto por su sabor (cafés Premium) como por la forma de su producción (orgánicos). Otras actividades podrían ir entrando en la categoría de "productos a la medida", por ejemplo en el terreno del turismo ecológico, comunitario o vivencial. Hay también oportunidades como el probable valor de recursos naturales para productos de salud o de belleza, o en relación al valor del bosque amazónico como capturador de carbono en un contexto de cambio climático y como protector de la biodiversidad.

ALGUNAS PROPUESTAS
En muchos casos, el aumento de la productividad no sólo es posible, sino que ya se conocen las técnicas para lograrlo. Por eso, un primer tipo de políticas, fáciles de aplicar y lograr retornos económicos y sociales importantes, es de difusión de tecnologías básicas conocidas. A nivel internacional, Jeffrey Sachs ha insistido en este enfoque, proponiendo por ejemplo agua segura y mosquiteros impregnados frente a la malaria.
En el Perú, están los paquetes tecnológicos como el propuesto por el programa Sierra Productiva, basado en implementar el riesgo tecnificado por aspersión bajo una tecnología de bajo costo. Con 600 soles para el riego y otros 500 para semillas mejoradas y otros, los campesinos pasan a tener tierras en secano a tierras con riego, a tener hortalizas todo el año y a multiplicar sus pastos, permitiendo mejorar su ganado, que les da carne y leche (multiplicando su producción entre 5 y 15 veces), que a su vez pueden transformar en yogurts, quesos, etc.
Para un millón de familias campesinas, estamos hablando de 1,100 millones de soles para el paquete básico, equivalente a un 5% de las ganancias del capital extranjero en el Perú en un año. Es perfectamente posible, y estamos hablando de inversiones que tienen un efecto permanente sobre los ingresos y la calidad de vida, no de un gasto corriente.
Al mismo tiempo que se debe promover masivamente estas tecnologías probadas, hay una diversidad de avances tecnológicos que deben adaptarse de manera específica a distintas localidades. En estos casos, lo que se ha probado ya con bastante éxito son mecanismos institucionales para recoger y promover la aplicación de tecnologías identificadas por los propios campesinos.
Por ejemplo, diversos proyectos han aplicado con éxito concursos de mini-proyectos. La idea básica de estas metodologías es que las propias familias campesinas asociadas presentan sus iniciativas de mejoramiento productivo, y parte de los costos de capacitación y capital son asumidos por el estado. Otros mecanismos institucionales aplicados de manera importante en los últimos años son las iniciativas de Desarrollo Económico Local que empiezan a generalizarse en los municipios rurales como una actividad permanente, y las desarrolladas por las cooperativas cafetaleras con apoyo de ONGs internacionales para promover productos orgánicos y comercio justo.
Este breve artículo solo alcanza para unas pocas y modestas ideas. Lo más importante, sin embargo, es insistir que la pobreza y el desarrollo rurales son temas fundamentales que debemos discutir a profundidad en las elecciones que se vienen.

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