miércoles, 9 de febrero de 2011

LOS PARTIDOS Y EL CONGRESO QUE NOS ESPERA

La decisión queda ahora en manos de los ciudadanos que exigen el fortalecimiento democrático.

Fuente: El Comercio

Cada cinco años los partidos nos prometen cambios y los ciudadanos abrigamos la esperanza de que esta vez se den. Sin embargo, finalmente todo sigue igual. Es lo que, lamentablemente podría suceder con el nuevo Congreso que se instale el 28 de julio, a decir de las listas parlamentarias que, como siempre, se han presentado a última hora.
Con pocas excepciones, lo que hemos visto en los últimos días es una sucesión de personajes impresentables incluidos en muchas listas, con el visto bueno o la vista gorda de las cúpulas partidarias, que siguen sin entender su grave e inexcusable responsabilidad en la recuperación del prestigio del Poder Legislativo –actualmente por los suelos–, el sostenimiento de la institucionalidad democrática y la misma gobernabilidad del país.
A este paso, el Congreso de los ‘comepollos’ y ‘mataperros’ podría quedar en anécdota. Pero nada de esto parece importar a las dirigencias. Y ha sido la prensa independiente la que ha tenido que salir a denunciar la falta de filtros partidarios, la displicencia de las cúpulas, la interferencia de personajes tras bambalinas o, peor aun, la carencia de escrúpulos de quienes habrían subastado al mejor postor vicepresidencias o cupos parlamentarios.
¿Es eso lo que entienden por democracia? Los peruanos hemos quedado estupefactos por los espectáculos penosos e indignantes protagonizados no solo por nuevas figuras, sino por otras que pretenden la reelección.
Así, una enfermera de verbo desbordado quiere enjuiciar a un partido por sacarla de la lista, de la que antes se sacó a otros, entre ellos un personaje vinculado a Montesinos. En la misma lista, un desafiante operador fujimorista que va por la reelección defiende a capa y espada el peor significado de inmunidad parlamentaria (como impunidad para sí mismo). Otra agrupación se ha quedado sin plancha presidencial, luego de que sus dos vicepresidentes renunciaran tras denunciar que se habría vendido el primer puesto de la lista. Y, una alianza mayor estuvo a punto de romperse por los celos y antipatías entre algunos de sus miembros, luego de que, como en otros casos, se hiciera uso, abuso y burla del sistema de elecciones primarias.
En este preocupante contexto, tras pocas correcciones y purgas, propiciadas por la prensa, lo que sigue predominando es la mediocridad, el amiguismo, la adulonería y las trayectorias escandalosas y hasta delictivas, antes que la capacidad profesional, la trayectoria ética, la vocación de servicio, el compromiso democrático y el amor por el Perú.
Claro que no se puede generalizar ni meter a todos en un mismo costal. Pero, lo que todo esto nos demuestra es la extrema necesidad de una renovación profunda de la clase política, tanto por una razón democrática de fondo como por una simple cuestión de supervivencia.
Los partidos, hoy, tienen que ser extremadamente autocríticos, no solo para replantear sus estrategias de campaña, sino para escrutar a quiénes están llevando al Gobierno y al Congreso, institución que, para ser coherente y empezar a reconciliarse con el país, debe retomar con suma urgencia los proyectos de renovación por mitades, el voto libre y la revocación parlamentaria.
En cualquier caso, la decisión queda ahora en manos de los ciudadanos que exigen el fortalecimiento democrático, en el entendido de que es el mejor sistema para garantizar el disfrute de libertades y el desarrollo económico y social.

A falta de solidez partidaria, los votantes tienen que evaluar y analizar cada lista para elegir, de modo responsable, a quien exhibe excelentes credenciales profesionales éticas y democráticas, y a quien sabe seleccionar a sus acompañantes y cuadros para aplicar un programa de gobierno que nos encarrile definitivamente en la ruta del desarrollo sostenible e inclusivo.

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