lunes, 4 de abril de 2011

LO QUE SE JUEGA

A continuación presentamos un resumen del artículo publicado por el periodista César Hildebrand en su revista “Hildebrand en sus Trece”, del pasado viernes 1 de abril. Consideramos que es un excelente análisis sobre nuestra realidad política y que puede darnos luces sobre lo que falta para construir una democracia en nuestro país. Como el bien dice (…) “La democracia no es un instinto sino una construcción cultural”.
Trujillo di?

Por: Cesar Hildebrand
http://www.hildebrandtensustrece.com/

(…) La verdad es que el zafarrancho electoral, la viudez programática y la prosperidad de los insultos y las payasadas son parte de nuestro esfuerzo en no ser un país serio. ¿Qué quieren? ¿Elecciones del primer mundo en un país del tercero?
La confusión de estas elecciones es el resultado de muchos factores. Trataré de enumerar algunos:

1) La crisis de la educación. El Perú es menos que subsahariano1 en esta materia. De esa matriz no emergen ciudadanos no demócratas porque la democracia no es un instinto sino una construcción cultural. El liderazgo al que las turbas se resignan puede no tener otra virtud que la de un poder ejercido brutalmente.
2) El secuestro de los partidos políticos por parte de los grupos económicos más poderosos. El Apra de Alan García es una demostración de comisaría de este fenómeno. La derrota del Apra ha surgido de aquello que Haya de la Torre temió de joven y toleró de viejo: la sensualidad, la renuncia a los ideales, la muerte de esa utopía que hace que un partido tenga norte y convoque a militantes comprometidos. Esa utopía no tiene que ser de izquierda. La utopía culta de muchas derechas en el mundo viene del Sacro Imperio Romano Germánico, pasa por la teología de los padres de la Iglesia católica, se nutre de la Inglaterra del siglo XVII, elude la revolución francesa, cabotea en Adam Smith y llega a las muchas figuras contemporáneas que lo encarnan. La derecha es una cosa seria. Aquí se creen de derecha los que se atrincheran en su margen de utilidades con un trago en la mano y una pistola al cinto. Esa huelga involuntaria del pensamiento terminó en el PPC-Cementos Lima, una fusión profética de los años 60. Y lo del comunismo es más breve: hijos de Stalin (Aunque se decían discípulos de Lenin), todavía no se reponen de la implosión de la URSS y sus filiales. Se han quedado sin discurso y demuestran que la ira no es suficiente. Lo demostró Pol Pot. Lo sufrimos con Guzmán.
3) La corrupción generalizada de los medios de comunicación, convertidos en sicarios del orden quieto y el conservadorismo y creadores de pánico cada vez que alguien quiere hacer algún cambio. Los diarios peruanos más importantes ya no informan: juegan con las emociones de la gente común y corriente y, de un modo casi irónico, le dicen que si alguien mueve alguna ficha perderán lo que no tienen y carecerán del futuro prometedor del que ya han sido despojados.

Es como decirle a un muñón2 que puede perder el miembro que le perteneció.
¿O creen que negociar con las mineras nuevos arreglos y recaudar más por ganancias superlativas que jamás nadie imaginó es un pecado?
¿Será un delito que el Estado, demolido por Fujimori con la complacencia de las grandes fortunas, reaparezca como árbitro y como función tuitiva3?
¿Se irán todas las inversiones extranjeras porque pongamos límites a la exploración y explotación de hidrocarburos en la selva?
¿Protestará Obama si levantamos el salario mínimo?
¿Nos atacará la aviación de la OTAN si le decimos a la telefónica que aquello de la renta básica es una estafa?
¿Nos bombardearán los tucanos brasileños u Odebrecht dejará de hacer negocios si revisamos y, eventualmente, paramos ese desastre a la vista que es Inambari?
¿Invadirá Chile Tacna si le decimos que el trato a los capitales de ambos países tendrá que ser recíproco y que ya es hora de empezar a corregir la enorme asimetría4 de nuestra relación comercial?
¿Quién y con qué derecho habrá de castigarnos si le ponemos un pare de verdad al capital especulativo que llega a Lima a crear distorsiones monetarias?
¿Qué pasará si le decimos a Romero que no siga sembrando palmas para hacer combustible porque eso es irracional?

¿Y si le decimos a los oligopolios5 que dejen de concertar?
¿y si le devolvemos a los trabajadores algunos derechos sindicales arrancados a patadas durante la putrefacción fujimorista?
¿Y si decimos “basta de services tramposos creados para explotar más al trabajador”?
¿Qué?
¿Nos expulsarán de la OEA si decidimos que parte del puerto del Callao siga en manos nacionales?
¿Quién nos condenará si enfrentamos, con una línea aérea nacional privada, el cuasi monopolio arrasador de LAN, que, para desalentar el turismo interno del Perú, le cobra a los extranjeros cupos monstruosos que no cobra en Chile?
¿Y si dotamos a nuestras fuerzas armadas de lo necesario para poder defendernos –sólo para poder defendernos-, habrá alguien en Latinoamérica que se escandalice?
En resumen, ¿ahora resulta que en esta aldea global es una falta ser peruano?

4) La atmosfera tóxica de impunidad que se respira en todas las esferas. Lo que convierte a lo que queda de Estado en fuente de fortunas y a muchísimos empresarios en coimeadores crónicos.
5) La persistencia de la desintegración nacional. La selva siente que los limeños somos no sólo distantes sino hostiles. Hay regiones del sur donde nos odian con todo derecho. Las fronteras son la prueba de nuestra incapacidad nacional para establecer prioridades sensatas.
6) El regocijo casi patriótico por los antivalores en acción: El engaño es virtud; la estafa, hazaña; el abuso, mercado; la pendejada, talento; la impuntualidad, carácter. De estos fierros retorcidos no salen sólo emprendedores de éxito sino generaciones anómicas6. Y pasar de la anomía a votar por un ladrón es fácil.

¿El Perú tiene esperanzas?
Por supuesto que las tiene. Pero sólo si acepta que tiene que cambiar. No para parecernos a Chávez, ese esperpento7 de izquierdismo a mano armada. No para ser Cuba, esa tumba del Hombre Nuevo con mayúsculas. No para repetir experiencias fracasadas. Si para sentir que vivimos en un país digno, problemático pero limpio, diverso y unido por un proyecto que alcance para todos.

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