lunes, 18 de abril de 2011

PRIMER PASO (PERO INSUFICIENTE) CONTRA LOS TRÁNSFUGAS

Fuente: Diario El Comercio

Aunque con retraso, la Comisión de Constitución y Reglamento del Congreso que se va aprobó finalmente un predictamen contra el transfuguismo político.
La medida es positiva, sobre todo ante la grave fragmentación que exhibirá el próximo Parlamento en manos de seis partidos que se repartirán 130 curules. De ahora en adelante, al menos, todo el país sabrá que un tránsfuga es un representante –electo sin proclamar, proclamado o incorporado al Congreso, a un gobierno regional o local– que abandonó o renunció a su bancada o a la agrupación política por la que fue electo.
Ahora bien, hay sin duda muchas maneras de distanciarse de una agrupación, como lo demostraron los llamados congresistas ‘topos’ y ‘tránsfugas’ de los diversos partidos que, durante el fujimorato, se pasaron a esa bancada sin que sus agrupaciones siquiera lo imaginaran y a las que traicionaron permanentemente.
Por ello, es importante que el predictamen aprobado la semana pasada haya establecido que un tránsfuga sea también aquel que se ausenta de forma injustificada, reiterada y sistemática de las votaciones de interés para sus respectivos grupos políticos.
La ciudadanía, sin duda, extraña que no se haya especificado algún tipo de sanción al transfuguismo. Que no se haya establecido, por lo menos, que quienes abandonen sus partidos sean vacados de manera automática. En lugar de eso, se ha delegado esa tarea al Reglamento del Congreso, a la Ley Orgánica de Gobiernos Regionales y a la Ley Orgánica de Municipalidades. Lamentablemente, los congresistas no han querido comprometerse con esa medida necesaria desde todo punto de vista.
Sin embargo, el tema es más profundo y complejo. Según la Constitución, los congresistas gozan de inmunidad, no están sujetos a mandato imperativo ni siquiera a una interpelación. No pueden ser procesados ni presos sin la previa autorización del Congreso o de la Comisión Permanente. En este sentido, tampoco pueden ser sancionados por renunciar a sus partidos originarios para, de la noche a la mañana y por prebendas, convertirse en tránsfugas.
Por ello, la única salida a este problema moral radica en la decisión de los nuevos parlamentarios, muchos de los cuales aseguraron durante la campaña electoral que legislarían para regular la función congresal a fin de que los representantes no sigan siendo intocables. Ha llegado la hora de cumplir esas promesas.
Como señaló en reciente entrevista con El Comercio el ex presidente del Congreso, Henry Pease, es necesario que las agrupaciones partidarias suscriban un pacto ético en este período electoral y se comprometan con la lucha contra los tránsfugas, de manera que apenas accedan a una curul lo aprueben de inmediato.
Por lo demás, el politólogo tiene razón cuando sostiene que “el transfuguismo ha sido uno de los elementos que han llevado a que este Congreso sea uno de los más corruptos y mediocres de nuestra historia”.
La pregunta es si hemos aprendido la lección, si los 130 parlamentarios que tomarán posición de una curul este 27 de julio tendrán la suficiente idoneidad y honorabilidad que se requiere para adecentar ese poder del Estado.

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