martes, 5 de abril de 2011

TEDIO DE DOMINGO POR LA NOCHE

Por Mirko Lauer
Fuente:
La República

¿Por qué decepcionó el debate? Después de todo, los cinco candidatos sostuvieron más o menos lo que vienen diciendo desde hace meses. Si se trata de comparar, el domingo aportó los elementos básicos para hacerlo. Pero parece que el público y los medios esperaban un desenlace en TV, y en efecto no lo pudieron obtener.
En otras palabras, la incertidumbre sobre la primera vuelta va a durar una semana más, ahora con rumores en lugar de encuestas. Estas últimas tampoco modificaron mucho el panorama. Un debate insatisfactorio significa sobre todo que cada televidente apagó su televisor con una idea muy parecida a la que tenía cuando lo encendió.
¿Qué se esperaba como desenlace? Muchos comentarios aluden a una esgrima de antaño entre picos de oro, cuyas chispas eran frases memorables y lapidarias. Frases capaces de resolver toda una campaña en un comentario feliz. Luis Bedoya Reyes en 1966 y Alfonso Barrantes en 1983 quizás son las evocaciones emblemáticas.
El que varios de los candidatos y sus entornos hayan intercambiado ataques fuertes, incluso insultos y otras barbaridades, durante la campaña también contribuyó a que el formato lleno de tabiques de esta presentación se haya visto aun más soso de lo que fue. Así a los buenos modales se les pegó un aroma de inocultable hipocresía.
La verdad es que no hay manera realista de organizar un debate político entre cinco personas, menos con un moderador (nunca mejor usada la palabra) que da y quita la palabra. Pues inevitablemente la cosa toma la forma de una seguidilla de pastillas de sabiduría, un poco como los amigos que se turnan expresando buenos deseos a los novios antes de la misa.
Pero nada de esto ha arredrado a los medios más partidarizados, que no han tenido problema en declarar a su candidato ganador absoluto del debate. Lo cual no pasa de ser una forma de predicar a los convencidos, a gritos. Convencidos a los que el debate mismo no puede haber hecho dudar, ni cambiar de opinión.
De modo que si uno de los propósitos del debate era orientar un poco más a un electorado volátil, enrumbar a los indecisos, y en general facilitarles la vida a los que recién deciden en la cámara secreta, es probable que no se haya logrado, aunque ya no contaremos con las encuestas para averiguarlo.
Quizás el tedio dominical era inevitable, en la medida que los candidatos parecen pensar muy parecido sobre puntos importantes, o al menos así lo dicen. Quizás los organizadores debieron proponer algunos temas más iluminadores, en los que pudieran salir a la luz sus diferencias de fondo de los candidatos, y no solo lo convencional de sus espíritus.

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