viernes, 27 de mayo de 2011

PERÚ: UN PROYECTO PARA EL SIGLO XXI

POR: UBALDO TEJADA GUERRERO
– Analista Global –

utguerrero31@yahoo.es

“El crecimiento de la economía por sí solo distribuye parejo, pero no reduce las desigualdades, y aquí entra a tallar la necesidad de mejorar la educación, empleabilidad y capacitación, porque el mercado por si solo no amplía la desigualdad pero tampoco logra reducirla” Luis Hidalgo F.
Como apreciamos los escenarios de polarización, en vísperas al gran debate de candidatos a la presidencia de la República del Perú, segunda vuelta, el domingo 5 de junio del 2011; no serán los más idóneos para ideas y propuestas, porque así lo quiere esa vieja derecha rentista peruana.
En mas de 20 años de aplicación de un modelo neoliberal excluyente, sólo ha ratificado que nuestra economía en el proceso histórico de nuestro desarrollo nacional, ha recibido la influencia de concepciones ideológicas, pertenecientes a los países mas ricos del planeta (G7). Éste modelo que entrega Alan García Pérez el 2011, ha encaminado nuestro país hacia un crecimiento económico, pero en ausencia de una estrategia de desarrollo humano (proyecto nacional), el sistema productivo no ha logrado integrarse económicamente, ya que sólo ha favorecido a determinados grupos (grandes transnacionales y grupos rentistas nacionales); y beneficiando a determinados espacios económicos del territorio nacional (costa norte agroindustrial y Lima). Todo ello debido a que su proceso de crecimiento ha seguido un patrón concentrado, centralizado y excluyente de la sierra y selva, y del sector informal.
Tenemos el deber moral de concluir, antes del 5 de junio, que la “Hoja de Ruta” para el siglo XXI en el Perú, será construcción social y popular, no intelectual, ni siquiera política, si esta actividad de servicio, mantiene una vieja derecha en sus actuales rasgos autoritarios, elitistas y de caudillos.
Viene muy del caso, la experiencia que asumimos con mis destacados amigos Oscar Ugarteche Galarza y Dirk Kruijt, los cuales publicaron “Diagnóstico del Sector de Propiedad Social en el Perú (1974-1,978)”, requisado por la dictadura de Morales Bermúdez, cuyo ejemplar es uno de los pocos que se conservamos. En la presentación se decía: “La realidad empírica es dura; por lo tanto, también nuestro estudio es duro”; ello se puede aplicar para el documento del partido nacionalista “La Gran Transformación”, cuya vigencia ya rebasó la experiencia electoral 2011.
El actual crecimiento económico peruano 2011, demuestra que un proyecto nacional no se gesta en base al logro de un cierto nivel de ingreso familiar y del consumo correspondiente, así como una “nación” no justifica la degradación moral de su élite gobernante, las injusticias en la distribución de la riqueza, o el avasallamiento mediático del poder económico, ni tampoco es un proyecto para cerrarnos, al contrario sólo seremos orgullosos de ser peruanos, si es que tenemos para el mundo globalizado, una propuesta que sea reconocida como aporte universal. Éste es el reto que estamos seguros trascenderá el 5 de junio: el de salir al mundo con lo que somos, como proyecto social y de transformación, de respeto a nuestra biodiversidad y su cultura.

Pero al terminó de éste proceso electoral, debemos dejar algunas cosas en claro: el primero, es que si existen recursos para financiar a los excluidos. El problema es de propiedad y no de escasez, o de crisis mundial; segundo, el problema tampoco es de métodos de transferencia, el problema es de claridad de objetivos en un plan de gobierno y de voluntad política para llevarlo a la realidad; tercero, en la definición del concepto “ingreso nacional” no están incluidas las sobre utilidades que van a las manos de las grandes trasnacionales; cuarto, necesitamos un planteamiento que coloque en primer lugar la defensa de los intereses nacionales, que tendría en las sobre utilidades del capital extranjero, una fuente de recursos de primera magnitud, disminuyendo la necesidad de afectar el capital nacional; y quinto, dar valor agregado a nuestros recursos naturales, es hacer desarrollo industrial, que responda a una concepción del desarrollo nacional, donde los diferentes grupos sociales, económicos y políticos actúen mediante el poder que les confiere el Estado, para regular el mercado, orientar y transformar el sistema productivo.

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