sábado, 20 de agosto de 2011

APRENDÍ TANTO SILENCIO

Por: Raúl Tola
Fuente
: Diario La República

Luego de una campaña electoral tan polarizada y violenta como la que vivimos, y de la que recién nos estamos recuperando, las cifras de aprobación recibidas por la gestión del Presidente Ollanta Humala son una excelente noticia. Según la encuestadora Datum, Humala cuenta con el 62% de respaldo, y según Ipsos-Apoyo con el 55%.
¿Qué factores han permitido que quien hasta el mismísimo día de la segunda vuelta era poco menos que como un anticristo para casi la mitad del país, haya obtenido esta primera importante aceptación? Sin duda la asunción de un discurso moderado, distinto al de la primera vuelta y opuesto por completo al del 2006, ha sido clave. Lo mismo que los acertados nombramientos en puestos vitales como el ministerio de Economía y el BCR, que han permitido algún sosiego al empresariado y los mercados. También la promesa de encargarse personalmente de los problemas críticos del país, como el combate a la inseguridad en las calles, para el que se ha creado el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana (Conasec), con el propio Presidente a la cabeza.
Pero quizá es otro rasgo el que más ha contribuido a esta primera impresión tan favorable del nuevo Primer Mandatario: su silencio. Hasta ahora, salvo por un par de declaraciones bastante concretas y uno que otro mensaje salpicado en su cuenta de Twitter, en la estrategia de comunicación de Palacio ha primado la discreción, y hasta el misterio. «Estamos haciendo un gobierno que sea efectivo, que se ponga a ‘chambear’ de una vez: menos palabras y más acción», ha dicho Humala, definiendo un estilo más parecido al de Odría y Fujimori que al de Alan García y Hugo Chávez, que tanto desprestigiaron la oratoria en la política.
Está claro que para nuestra población las autoridades silenciosas generan más confianza: es preferible que estén reunidas o inaugurando obras, en lugar de perder el tiempo confrontando inútilmente a la prensa o llenándose la boca en público con inútiles florituras. La reciente experiencia de Luis Castañeda, cuya gestión municipal rozaba el 80% de aprobación a pesar de su fama de «Mudo» –con sus impertinentes declaraciones, en la campaña electoral supimos por qué callaba tanto–, debió pesar mucho a la hora de construir esta imagen de un Humala dinámico, más que elocuente.
A menos de tres semanas de haber asumido el cargo es evidente que las cifras de aprobación presidencial son prematuras, pero dicen mucho de los gustos de nuestra ciudadanía. En el tiempo por venir, Ollanta Humala deberá mostrar un raro talento: saber combinar ese estratégico perfil bajo, que tantos resultados da, con la necesaria transparencia en una gestión pública. Quizá para ello tenga que resignar unos puntos de aprobación, pero estará cumpliendo plenamente sus obligaciones como presidente democrático.

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