jueves, 1 de septiembre de 2011

CENTRO IQUEÑO

Las sesiones descentralizadas de Daniel Abugattás.

Por: Augusto Álvarez Rodrich
Fuente:
Diario La República

Como a la mayoría, no me convencen las sesiones descentralizadas del Congreso, pero me parece indispensable que dicha iniciativa sea analizada sin perder de vista, primero, que la democracia no viene gratis pues tiene un costo; y, segundo, que el Parlamento debe explorar maneras de acercarse mejor a la gente para resolver la creciente crisis de representación que sufre la democracia.
La iniciativa de Daniel Abugattás plantea trasladar al pleno –130 parlamentarios más asesores y empleados necesarios para la sesión– a diversas partes del país con el fin de “acercar el Congreso al pueblo y poner la política al servicio del pueblo”.
El plan piloto se ha fijado para este 7 y 8 de setiembre en Ica, una región que sufrió la desgracia de un terremoto del que aún no se recupera pues la reconstrucción se realizó a media caña.
Además, por su cercanía a Lima, el costo sería relativamente menor al de otros destinos. Inicialmente, se planteó en casi S/.300 mil pero luego, ante la crítica periodística, se redujo a S/.200 mil gracias a la bajada del ómnibus –que al comienzo era avión– de algunos asesores y empleados.El costo podría seguir bajando si, por ejemplo, los congresistas viajan solos, se embarcan en un bus a las 5 a.m., llegan a Ica a las 9 a.m., sesionan de 10 a.m. a 6 p.m., almuerzan un sánguche con su plata, y parten de regreso esa noche a las 8 p.m.
Pero, en el fondo, el problema no es ese pues, si bien se debe promover un manejo austero en el Congreso, la democracia tiene un costo que debe ser financiado por el fisco.
El problema de fondo es la selección de los mecanismos más eficientes para acercar al Congreso a la gente con el fin de encarar la crisis de legitimidad social que sufre esta institución fundamental de la democracia.
Estas sesiones descentralizadas no parecen serlo: en los plenos solo participan los congresistas; se van a generar expectativas exageradas en la población; la gente va a confundir el papel del Congreso con el del Poder Ejecutivo; los parlamentarios también; no existe todavía una agenda iqueña que plantear.
Contra esa iniciativa se han planteado otras más baratas y eficientes como sesiones descentralizadas en las que solo participen una comisión parlamentaria específica –como la de inclusión social– junto con la bancada completa de una región, además de las principales autoridades regionales.Pero todo esto solo es un paliativo para la raíz del desprestigio del Congreso. Esta se encuentra en la inoperatividad de la representación parlamentaria y en la consecuente pérdida de legitimidad social ante la población, un combo cuya solución es compleja y no pasa por estas bien intencionadas pero no bien encaminadas sesiones descentralizadas.

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