martes, 27 de septiembre de 2011

LA INSEGURIDAD A VELOCIDAD DE CRUCERO

Por: Mirko Lauer
Fuente:
Diario Las República

La inseguridad va camino de fijar la agenda política en el país. ¿Cómo lo hace? Encadenando un incidente con otro, en una secuencia que no está dejando espacio para otro tipo de temas. Un mecanismo de noticias sangrientas se retroalimenta y produce el efecto de una criminalidad proliferante e indetenible, con un obvio costo político para el gobierno.
Conocemos la avalancha: el soldado muerto al pie del helicóptero, los niños envenenados, el hincha defenestrado, las víctimas de varios choques con fuga y asesinatos domésticos varios, todo en el curso de una semana larga. El saldo es una opinión pública aturdida que empieza a buscar culpables y castigos donde pueda encontrarlos.
No es algo del todo nuevo. El helicóptero es el tercero bajo ataque en pocos años. Envenenamiento de niños y violencia en el deporte ya hemos visto antes, varios casos. Asesinos al volante son pan de cada día en las comisarías. Lo mismo mujeres y niños muertos a manos del macho del hogar. Pero algo ha cambiado para mal en el ritmo de los acontecimientos.
Al mismo tiempo la mirada pública sobre este tipo de hechos está evolucionando. Cada vez menos gente los ve como hechos aislados. Cada vez más gente los ve como argumentos para un endurecimiento de la sociedad. La siniestra pena de muerte y los escuadrones del vigilantismo a la trujillana otra vez parecen a la vuelta de la esquina.
Un primer elemento es que existía la expectativa de que con el nuevo gobierno la cosa cambiara, lo cual produjo un público más atento al tema. Que la cosa más bien haya empeorado se puede deber a circunstancias fortuitas, pero igual el efecto de estos es descorazonador, y a renglón seguido enfurecedor.
Un segundo elemento es que los medios han entendido que las noticias de inseguridad, sobre todo las de violencia, han empezado a cobrar una nueva importancia, y por tanto se han convertido en material a ser indiscutiblemente destacado. Lo cual echa más leña al fuego del sentimiento colectivo de inseguridad ciudadana.
El gobierno ha anunciado o hecho algunas cosas concretas: Ollanta Humala a la cabeza de la lucha por la seguridad, más policías en las calles, tecnificación de la custodia en los barrios o leyes más duras. Pero los efectos del esfuerzo toman tiempo, y no siempre es seguro que funcione. La inseguridad no es algo que espere pasivamente.
En otras palabras, estamos ante un problema que angustia a una ciudadanía que espera resultados oportunos y que el gobierno (este o cualquier otro) no tiene cómo resolver, y menos en un plazo satisfactorio. Esto tiene el peligro de convertirse en pérdida de autoridad estatal, incluso en algunas áreas todavía no imaginadas.

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