lunes, 5 de septiembre de 2011

LA LECCIÓN CHILENA

Por Augusto Álvarez Rodrich
Fuente:
Diario La República

El problema no solo es la pobreza sino la desigualdad.
La punta del iceberg es la educación superior pero debajo hay una mole enorme que avanza y protesta en las calles chilenas con fuerza y estridencia crecientes: la distribución desigual del ingreso, lo cual constituye una lección para un país como el Perú que suele ver al vecino del sur como la ruta a seguir para el éxito económico y social.
“La educación es un servicio público y no un negocio”, repite Camila Vallejo, la líder de la protesta estudiantil en Chile. Ahí, el 25% de la educación la financia el Estado y el resto los alumnos. Pero ese ‘negocio’ no funciona para la mayoría.
No debe perderse de vista que, a pesar de ello, los alumnos chilenos tienen mejores calificaciones que el promedio latinoamericano –superiores, por supuesto, a las del eterno colero Perú– aunque inferiores a las de los países desarrollados.
El problema de los promedios estadísticos es que suelen esconder grandes desigualdades. Por ello, el reclamo juvenil de Camila Vallejo ha calado en los mayores, quienes observan, sienten y sufren algo que es real en Chile: la desigualdad.
Ahí, el 20% más rico gana la mitad del ingreso nacional, mientras el 20% más pobre solo el 5%. Esto significa, en la práctica, que el 20% de la población tiene ingresos similares a los de los países más ricos como Estados Unidos, Singapur o Noruega, mientras que el 60% vive con ingresos promedios peores que los de Angola, tal como concluye un estudio realizado en el Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Diego Portales.
Chile está en el puesto 44 del Índice de Desarrollo Humano de la ONU pero la mayoría de la población anda en el 146. “A nuestra sociedad le va, en promedio, bien pero un grupo grande de gente está muy atrás de alcanzar niveles aceptables de ingreso”, señala Andrés Zahler, investigador de ese instituto.
El presidente Sebastián Piñera ha ofrecido que su gobierno logrará que Chile sea el primer país latinoamericano en erradicar la pobreza extrema, pero no ha encarado la desigualdad y está perdiendo, aceleradamente, respaldo político.
La pobreza y la desigualdad tienen, sin duda, consecuencias políticas. En Chile, la aprobación de Piñera se desplomó a 26%, la más baja de un presidente en la reciente época democrática. En el Perú, su expresión fue la elección de Ollanta Humala.
Desigualdad significa, entre otras cosas, que no todas las personas tienen la misma oportunidad de éxitoy de que los que no nacen en un hogar acomodado es casi imposible que lo consigan en sus vidas.
Estos problemas, vinculados a lo que en el Perú hoy llamamos ‘inclusión social’, no se resuelven con simples esquemas basados en crecimiento. Requieren reformas y la revisión de asuntos de fondo en la sociedad. Lograr ese crecimiento con inclusión es el reto ineludible del nuevo gobierno.

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