martes, 6 de septiembre de 2011

LOS TALENTOS, LA INNOVACIÓN Y LA DISCIPLINA

Por: León Trahtemberg
leon@trahtemberg.com
http://www.trahtemberg.com

Entre los colegios que asesoro uno de los que más me impacta por su capacidad creadora e innovadora es el colegio alternativo “Talentos” de Trujillo, que cuenta con el exitoso liderazgo pedagógico de Lucía Pérez y la eficiente administración de Ximena Valdivieso. A decir verdad, conozco pocos colegios en el Perú que tengan el vuelo educativo de este colegio, por su carácter innovador, experimental, no convencional, proactivo, y por el enorme peso que le da a los vínculos afectivos con los alumnos, lo que permite hacer una educación personalizada, para satisfacción de alumnos y padres.
Recientemente en agosto convocaron a todos los alumnos del colegio para participar en el proyecto “Mi Invento” del “Talentos Factory” del área de ciencias. Me llamó la atención la tremenda capacidad inventiva de los alumnos que desde los 3 años de edad aflora cuando la institución les abre los espacios y estimula para ello. Pude ver las propuestas de proyectos de niños de 5 años entre las cuales impresionaba una mesa con ojos, un robot guardador de juguetes, el espejo maquillador, la TV flotante, las zapatillas que cambian de forma al gusto del usuario. En otro ambiente se exhibían los proyectos de los alumnos de primaria y secundaria entre los cuales observé a los que proponían una goma de mascar que permite que el que habla lo haga en otro idioma, un jabón depilador, una cartera que cambia de color según la ocasión, pintura emotiva (cambia de color según el ánimo de la gente congregada), despertador que a la vez es tostadora y cafetera automática, pizarra que escribe sola lo que la profesora habla, esmalte que cambia de color según la luz del día, perfume que cambia de olor según el estado de ánimo, lápiz traductor, casaca termostática, robot conciliador de conflictos entre padres e hijos, cuchara detectora de calorías, etc.
Independientemente de la viabilidad práctica de los proyectos (de hecho sin que los alumnos lo sepan, algunos ya existen), lo que estos niños y jóvenes están mostrando es una creatividad muy valiosa, que debiera ser una de las piedras fundamentales de la educación de nuestros tiempos. Expresarla será posible en la medida que las instituciones educativas como “Talentos” les den a los alumnos el estímulo y espacio suficiente para que esto ocurra.
Algunos comentarios de colegas que expresaban preocupación por la disciplina escolar en la secundaria de Talentos me dejó pensando en tantos otros colegios innovadores de vanguardia, que gozan de un enorme prestigio precisamente por ese carácter innovador y personalizado, pero que son vistos por quienes no son parte de esa comunidad educativa como colegios que no tienen una “buena disciplina”. Claro, quienes aspiran a una disciplina rígida, represiva, persecutoria, que pone el peso en las faltas y sanciones antes que en la recuperación del estudiante trasgresor, obviamente no son candidatos a ser parte de la familia de colegios como “Talentos”. Pero quienes vemos de cerca los enormes y positivos desarrollos que ocurren en la personalidad y habilidades intelectuales y sociales de estos alumnos, nos damos cuenta que lo que unos consideran una debilidad, en realidad es una fortaleza.

Si partimos de la premisa que la rebeldía adolescente es normal y tiene que expresarse de alguna manera (usualmente en forma de trasgresiones a las normas establecidas “para ver qué pasa”) para diferenciarse de los adultos mientras definen su identidad, la pregunta que tienen que hacerse los padres es ¿prefieren que sus hijos expresen su natural rebeldía adolescente en la escuela secundaria, donde hay directores, tutores y profesores capaces de contenerla y orientarlos para corregirse, o prefieren que se mantengan reprimidos por temor a los castigos o la expulsión del colegio secundario, y que la expresen en los desbandes nocturnos o de fin de semana, o eventualmente postergándolos hasta la vida universitaria?
Para mi la respuesta es unívoca. Prefiero que lo hagan dentro del colegio -teniendo el equipo docente control de lo que ocurre- a que lo hagan fuera del colegio, donde ya nadie controla nada. Y si alguien quiere un indicador adicional de que esto tiene sentido, basta con que averigüe qué tales personas son los egresados del colegio una vez que tranquilizan su volcán hormonal adolescente y avanzan por la vida universitaria y adulta. Si los indicadores son positivos ¿no es una buena señal de que el camino seguido es correcto?

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