viernes, 28 de octubre de 2011

CIEN DÍAS DE GOBIERNO

Autor: Santiago Pedraglio
Fuente:
Diario Perú 21

Los primeros cien días del gobierno de Ollanta Humala arrojan un balance positivo, sobre todo por tres razones: está cumpliendo gradualmente sus promesas de campaña (énfasis en políticas de inclusión social, gravamen minero, ley de consulta previa, entre otras medidas), ha ido creando una imagen de presidente austero y medido, lejos de los estilos eufóricos de Alan García y Alejandro Toledo, y está sabiendo sacarse de encima temas incómodos y de difícil solución inmediata, como la reforma de la Constitución.
¿Cuál es, hoy por hoy, el eje de los opositores?: los medios de comunicación antihumalistas, que no soportan que el presidente Humala haya llegado al gobierno y, más aún, detestan que no se comporte como ellos habían anticipado: un militarista radical e incontrolable. La oposición político-partidaria está en segundo plano. Son el eco de los medios.
Es válido hacer un paréntesis para subrayar que incluso el mérito de las denuncias recientes no corresponde a esos medios opositores. IDL-Reporteros, equipo dirigido por Gustavo Gorriti, que forma parte de una organización no gubernamental calificada peyorativamente como ‘caviar’ incluso por algunos de esos medios, han trabajado para sacar a relucir asuntos tan graves y delicados como el conflicto Telefónica-Sunat, las ‘sacadas de vuelta’ al Estado por parte de un sector de pesqueros y el caso Omar Chehade-Wong.
Así pues, ante esa oposición, la debilidad principal y los riesgos más serios a los que se enfrenta el presidente Humala vienen desde dentro: de algunos representantes de la bancada nacionalista con antecedentes impresentables, de pugnas sordas entre “neoliberales” y “reformadores” (habría que mantener a ambos), y de la inexperiencia que lleva a algunos ministros a caer en contradicciones entre ellos.
El buen futuro del Gobierno pasa por consolidar su alianza Gana Perú, conservar sus nexos con aliados externos y mantener una orientación del gabinete que, en términos generales, persevere en la línea impuesta por el primer ministro, Salomón Lerner.

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