viernes, 21 de octubre de 2011

EL PRESIDENTE SE JUEGA LA IMAGEN

Autor: Santiago Pedraglio
Fuente:
Diario Perú 21

Hay denuncias políticas que tienen como objetivo, pura y simplemente, hostigar al Gobierno –como la tempranera y mediática interpuesta contra Ricardo Soberón, jefe de Devida–; y hay otras que, aun viniendo de medios poco amigos del Gobierno y conteniendo intenciones políticas, deben escucharse y tomarse en cuenta. Es el caso de las recientes denuncias contra parlamentarios oficialistas de antecedentes poco presentables y, en particular, la última y más grave contra el vicepresidente de la República, Omar Chehade.
Aunque los parlamentarios no cumplen el mismo papel que los ministros ni pueden ser sustituidos tan fácilmente como estos, bien le vendría al presidente Ollanta Humala tomar como ejemplo –en este caso también– a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, quien no ha tenido empacho en despedir a cuatro ministros acusados de corrupción (y tiene un quinto en la cola, el de Deportes, Orlando Silva, del Partido Comunista, aliado del Partido de los Trabajadores). Estos ‘sacrificios’ no le han hecho la menor mella a la presidenta. Por el contrario, su popularidad se acerca al 70% y se ha ganado la buena fama de que no ‘se casa’ con nadie.
El presidente Humala hace bien en ignorar campañas que tienen como único objetivo político desgastar su gobierno o su autoridad; pero tiene que ser radicalmente distinto cuando se trata de investigar y, si fuera el caso, sancionar la corrupción cometida por personas de su entorno.
En estas semanas, el presidente se está forjando una imagen que puede resultar definitiva: es concesivo con la corrupción –la apaña cuando proviene de sus amigos o sus filas partidarias– o se conduce con todo rigor, así pierda votos en el Parlamento. Este solo hecho le otorgaría un carácter singular a su gobierno y le haría ganar respeto y credibilidad, capitales tan escasos en la política peruana.

Foto: Carlincaturas - La República

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