jueves, 10 de noviembre de 2011

DISCRIMINACIÓN

Por Eduardo Dargent
Fuente
: Bajo La Lupa

El estado democrático liberal tiene en su base la promesa de igualdad para sus ciudadanos. Los críticos del liberalismo señalan, con razón, que la igualdad de la que se precian estas democracias es una quimera si las condiciones de inicio no son parejas. Contar con una buena salud y nutrición desde el nacimiento, asistir a un colegio de calidad, a una universidad de prestigio, hacer un postgrado en el extranjero, entre otros, son distintas maneras en que las diferencias materiales determinan nuestra suerte en la vida (y la de nuestros hijos).
La historia de América Latina enseña que la respuesta ante la desigualdad no pasa simplemente por reformas redistributivas. Mal realizadas, estas políticas pueden hacer que los beneficios no lleguen a los más necesitados o producir incentivos que afecten el crecimiento económico. Salvo los fanáticos de lado y lado, la mayoría reconocemos que el balance entre una mayor igualdad de oportunidades y eficiencia económica es un asunto complejo y abierto al debate.
Pero algo que debería estar fuera de discusión es el costo moral y económico del racismo y el machismo para una sociedad democrática. Contra la enorme evidencia existente, hay todavía sectores en el país que niegan estas taras o que las atribuyen a diferencias socio-económicas. El problema, nos dicen, es de exclusión: como los hombres blancos están mejor educados y tienen mejores ingresos que otros grupos de la sociedad, es normal que les vaya mejor. Cuando eso cambie, pues las cosas se nivelarán solas.
El Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP) se ha dedicado a investigar el tema de la discriminación en las oportunidades laborales en el Perú, con resultados muy importantes para este debate (los avances los encuentran en la página web del CIUP). Los investigadores no solo muestran que hay diferencias en el mercado laboral en función de raza y sexo. Sabiendo que enfrentarán la objeción de que el problema está en la exclusión, algunos de los trabajos van más allá e intentan aislar raza y sexo como causas de la discriminación.Por mencionar uno de varios hallazgos, Galarza, Kogan y Yamada respondieron a ofertas laborales reales enviando CV's inventados. Los CV's contenían los mismos datos, pero se cambiaba el nombre (apellidos extranjeros y apellidos andinos) y raza del postulante (blancos y andinos). Los postulantes blancos a puestos profesionales tuvieron una ventaja considerable (superior al 50%) en el número de entrevistas sobre los postulantes andinos. Es decir, el diseño experimental del estudio permite, con bastante certeza, concluir que la raza y no solo el capital humano fue un criterio de selección. Ciencias sociales de alta calidad que muestran que estas taras se mantienen y probablemente no desaparezcan solas.

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