miércoles, 30 de noviembre de 2011

EL FMI Y EL PERÚ: DEL ELOGIO AL REALISMO

Fuente: Diario El Comercio

Es auspicioso que, en su visita a Lima, la máxima autoridad del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, haya encomiado el buen manejo económico del Perú. “La economía peruana es una de las más dinámicas del mundo y que, por ello, y gracias a las políticas de expansión fiscal programadas para el próximo año y una posición de política monetaria neutral, el Perú experimentaría un crecimiento de 5,7% para el 2012”, ha dicho.
Esto es un elogio a la actual gestión, pero implica también un reconocimiento de la política de Estado que han promovido los anteriores gobiernos en los últimos lustros y que tiene como centro el modelo de economía social de mercado. Asimismo, nos pone frente al reto de superarnos aun más, por lo que el comentario de Lagarde debe entenderse también como un llamado a la responsabilidad, sobre todo en el difícil contexto interno y externo.
Es ciertamente una paradoja que mientras Europa y Estados Unidos atraviesan una seria crisis –debido al relajamiento de principios económicos claves y de políticas monetarias y macroeconómicas que nos eran exigidos a los países subdesarrollados como duras e imprescindibles condiciones para acceder al crédito y la certificación internacional–, algunos países latinoamericanos se erijan ahora como islas de estabilidad y promisión. Sin embargo, no están los tiempos para solazarse: el hecho de que se ponga al Perú como ejemplo de disciplina fiscal y economía ordenada y competitiva subraya el deber del Gobierno de continuar por la misma senda.
No puede pasar desapercibido que la curva de crecimiento ya no es la misma del año pasado. Así, inicialmente se proyectó un crecimiento de 7,5%, pero este se redujo a 6,6% en junio, a 6,2% en setiembre y hoy ronda el 7%. En el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), estiman que la economía debería crecer entre 6,5% y 7% hasta el cierre del 2011, lo cual es una meta ardua.
Luego, en el ámbito social, el Gobierno enfrenta una seria crisis en Cajamarca, con un conflicto social que pone en entredicho la política minera. Es momento del diálogo pero también de realismo y de definiciones, para no desviar al Gobierno de la agenda de crecimiento con inclusión social y respeto a las comunidades y al ambiente. Difícil meta que debe comprometer a todos los sectores del Gobierno, a los inversionistas y a los dirigentes realmente representativos, que no pueden dejarse arrinconar por los grupos extremistas e ideologizados. El mandato es a dialogar, comunicar y negociar por el bien de Cajamarca y dentro de una política integral, que respete a las comunidades y les explique los pormenores del problema y de las eventuales soluciones.
Hemos avanzado, pero queda aún mucho por hacer para reducir más la pobreza y mejorar la salud, la educación y la seguridad. Pero no perdamos de vista que los objetivos de inclusión y redistribución social solo son posibles con un modelo de crecimiento basado en la economía social de mercado –que funciona, aunque demanda ciertos ajustes– y dentro de un sistema político estable, institucionalizado y con respeto a las reglas democráticas. Aquí autoridades, partidos y sociedad civil deben interactuar dentro del orden constitucional y pensando en el interés nacional.

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