martes, 27 de diciembre de 2011

CONFIRMADO: PAPÁ NOEL NO EXISTE

Por: Patricia del Río Labarthe
Fuente:
Diario La República

Este ha sido un año de serios encontronazos con la realidad. En primer lugar, despedimos a un presidente que se contentó con ver las arcas del Estado llenarse de dinero sin preocuparse mucho por hacer que este llegara a quienes más lo necesitaban. Su infinito entusiasmo, ese que desborda en su último libro, se volvió ofensivo para quienes tenían que bloquear carreteras para que les construyeran un hospital o para que en nombre del progreso no se atentara contra sus tierras. El gran Alan, el que se marqueteó como el Papá Noel de la inclusión, en lugar de comerse el pleito por cambiar las reglas de un Estado perverso e ineficiente se obnubiló con una riqueza como la de Rico Mac Pato, de bóvedas y cuartos llenos de dinero que nadie veía.
Cuando apareció Ollanta Humala en la campaña electoral ofreciendo un Estado más fuerte todos voltearon a mirarlo. Él no se fue con remilgos: “acá lo que se necesita es una gran transformación”.
Para los paranoicos eso sonó a chavismo galopante; los necesitados, siempre más pragmáticos y menos ideologizados de lo que se supone, entendieron “ok esto es mejores colegios, más hospitales, más carreteras”. Ganó con un discurso que proponía hacerles más caso a esos ciudadanos, alcaldes, presidentes regionales, que estaban hartos de esperar una cita en los pasillos del Congreso o del MEF para pedir que los autorizaran a gastar la plata del canon en un programa contra la desnutrición, para que alguien entendiera que la plaza de armas no podía ser parte de la nueva concesión minera, o para que se les repartiera píldoras del día siguiente a mujeres violadas.
Los peruanos no pedían más dinero, exigían ser tratados con más dignidad. Por eso la propuesta empató en la segunda vuelta con quienes no querían a Keiko Fujimori en Palacio. Votar por Ollanta Humala significó para muchos ciudadanos la garantía de un Estado fuerte que no abriera las puertas de la cárcel para Alberto Fujimori como si nada hubiera pasado. Como si atentar contra la democracia, robar y dejar matar fueran “simples errores” que se pueden borrar de un día para otro.
Dignidad, trato igualitario y más respeto. Esos son algunos de los regalos que los peruanos esperaban esta Navidad debajo del árbol. Para eso marcaron sus votos hace seis meses cuando eligieron al Papá Noel nacionalista, ese que no tiene barba pero al que le encanta vestirse a veces de rojo y a veces de blanco. Sin embargo, esta ha sido otra Navidad traumática. Algo parece haberle ocurrido a Papá Noel en el camino porque les ha traído regalos a los que no creían en él, ha mezclado todas las cartas y ahora todo es un desbarajuste: hay muñecas para las niñas recatadas, juguetes para los más ricos del barrio, pistolas y tanques para los que quieren jugar a la guerra, pasajes al extranjero para los que más daño le hicieron con su violencia a los otros. Ellos tienen todo lo que querían y las botas las han encontrado llenas de dulces y promesas. ¿Y los otros? ¿Los excluidos de siempre? A esos les acaban de contar que Papá Noel no existe y los han mandado a hacer su cola en el MEF o en el Congreso por si tienen alguna queja.

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