jueves, 1 de diciembre de 2011

LA TREGUA

Por: Mirko Lauer
Fuente:
Diario La República

La suspensión de actividades en la mina Conga ha producido dos tipos de titulares. Los que están muy molestos por considerarla una derrota del gobierno y de la empresa, y los que están muy contentos por considerarla un triunfo de la protesta cajamarquina. En verdad dos maneras opuestas de referirse a una misma cosa.
Pero lo que acaba de producirse no parece un desenlace, sino más bien una tregua, cuya mejor perspectiva sería abrirle paso a una negociación impuesta por el gobierno. Pero negociación es lo que no quieren los promotores de la huelga, quienes esperaban que una semana de enérgica paralización les diera una victoria.
De modo que suspendidos los trabajos en Conga, donde han laborado unas 6.000 personas, lo que falta ahora para que la negociación se abra paso es una suspensión de la huelga. Lo cual supondría que los promotores se apearan de sus planteamientos, que buscan erradicar de manera completa esa inversión minera en marcha.
Probablemente Gregorio Santos y Wilfredo Saavedra, las dos figuras centrales de esta historia, sienten que el fin de la huelga y la consiguiente mesa de negociación les harían perder terreno político. Lo cual hace preguntarse para qué reclamaban la presencia de Ollanta Humala en Cajamarca hace unos días. ¿Solo para capitular?
Quizás Santos y Saavedra intuyen que someter sus expectativas a una negociación los expondría a la acción de elementos más radicales, presentes entre las masas que ellos mismos movilizaron. De allí que no vean la suspensión de actividades de Conga como un avance parcial, que sin duda lo es, sino como un peligroso recodo en el camino.
El problema es que los incidentes de la huelga y las posturas de sus líderes podrían estar acumulando argumentos de hecho para un endurecimiento de las cosas. Si esta tácita tregua no permite recuperar el control del gobierno en Cajamarca, se empieza a entreabrir la puerta de medidas de orden público como el estado de emergencia.
Sin embargo Santos y Saavedra podrían tener mucho que ganar con una negociación, comenzando por una negociación entre ellos mismos. Sobre todo en términos de un nuevo y más eficaz sistema de protección del medio ambiente que no vaya a contrapelo del crecimiento económico de la región, donde la pobreza aún campea.
Este es el momento para que los sectores cajamarquinos cuyos intereses e ideas están a favor de un diálogo salgan a decirlo de alguna manera, única forma en que ellos van a poder ocupar un lugar en esa mesa. Esto ciertamente incluye a los alcaldes de las zonas en discusión.

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