sábado, 17 de marzo de 2012

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE CÉSAR VALLEJO

Por: Luis Urbina
urbinazarate@aol.com

Como todo estudiante de escuela primaria leí a Vallejo aún niño. Debo confesar que no fue un encuentro muy a gusto pues él parecía un viejo adusto. Una segunda obligada lectura ocurrió en las aulas de educación secundaria. Este segundo encuentro tuvo un sabor diferente. Ya adolescente, Vallejo se convirtió en uno de aquellos amigos que solía tener un verso para la enamoradita de turno; especialmente aquel que rima, “Amada, en esta noche tú te has crucificado sobre los dos maderos curvados de mi beso, y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado y que hay un viernes santo más dulce que ese beso. …”. Ya para ese entonces Vallejo era motivo de reflexión; yo trataba de tomarle el peso a sus escritos. Era la época donde poemas como “Los Dados Eternos”, “Masa”, y “Los Heraldos Negros” cobran vigorosidad y su mensaje se acrecienta. Ya no solo era el Vallejo que compite con Becker por un romántico verso para mí amada, era César Vallejo el hombre que trasmitía su humana experiencia. Era un Vallejo que se va tornando más amplio, más anguloso, ms reflexivo, más político, e incluso era un ser vinculante con el mundo. Porque Vallejo escribió para España “España Aparta de Mi este Cáliz” y al escribirle a España le escribió para Europa, y a través de Europa para el Mundo.
Con seguridad mis encuentros con Vallejo fueron más frecuentes en la época universitaria, donde compartimos aulas en nuestra querida alma mater, la Universidad Nacional de Trujillo. Ya en los claustros universitarios, la figura de Vallejo fue predominantemente política. El Vallejo político me ayudo a entender el significado de lo social. Después con la vida, como pasa con los viejos amigos de juventud, Vallejo se volvió menos frecuente; pero cuando el encuentro ocurría, cada encuentro era un encuentro bulliciosamente celebrado, pero en silencio, en intimidad. Un encuentro lleno de anécdotas, de remembranzas, e incluso de añoranzas. Vallejo se había transformado en un hombre maduro que generaba nuevas experiencias, nuevos descubrimientos, nuevos entendimientos.
En estos días por los diarios me entero que se celebra 120 años del nacimiento de Vallejo. No sabía que era tan viejo. Nunca me preocupe de su edad. Nunca la edad fue un tema de discusión entre nosotros. Porque crecimos iguales; mejor dicho él fue creciendo en la medida que yo fui creciendo; ¿o al revés? Hoy si lo tuviera al frente le diría: que viejo estas César. Sabiendo de su onomástico y para celebrarlo me puse a releerlo. Iba muy motivado al rencuentro con César porque había leído que mi amigo de toda la vida era considerado el más grandes poeta de habla hispana del siglo XX y uno de los más grandes poetas de todos los tiempos. Que orgullosos están de ti tu Santiago de Chuco, tu sierra Liberteña, tu Universidad Nacional de Trujillo. Fue un placentero y tonificante rencuentro. Fue un encuentro de personas maduras que mutuamente se contaban anécdotas y experiencias, alegrías y tristezas. Fue un encuentro con larga mirada hacia la vida y hacia nuestro querido Perú. Fue un conversar de optimismos de lo que puede llegar a ser nuestro Perú. Fue un conversar de algunas frustraciones que nos causa el ver que en el Perú en algunos campos muy poco o nada se ha avanzado. Fue un rencuentro con uno de los grandes.

Feliz cumpleaños mi buen amigo César Vallejo.

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