lunes, 5 de marzo de 2012

LOS CHICOS DE LA CAN

Fuente: Diario El Comercio

Durante la V Reunión del Gabinete Binacional de Ministros Perú-Ecuador, realizada la semana pasada en Chiclayo, se suscribieron 16 convenios en materia de seguridad, intercambio comercial, transporte y justicia. Queremos llamar la atención sobre los primeros. Ambos países firmaron el Convenio Marco de Cooperación Interinstitucional en Materia de Lucha Antidrogas y en contra de la Delincuencia Organizada Transnacional. Asimismo, se suscribió un memorando de entendimiento para facilitar el intercambio de información para la prevención, análisis y procesamiento de los delitos de lavado de activos y financiamiento de terrorismo; y otro en materia de combate contra organizaciones delictivas.
En los últimos años, la integración regional ha enfrentado principalmente dos obstáculos. El primero es el sesgo ideológico de las iniciativas de cooperación internacional. El surgimiento del ALBA como propuesta chavista de integración económica, política y social para administraciones socialistas alternativa al ALCA, fomentada desde Norteamérica, da cuenta de la dificultad por encontrar consensos que transgredan la barrera de las ideologías de los gobernantes de turno. En segundo lugar, el retiro de Venezuela de la Comunidad Andina de Naciones) y las agudas discrepancias de Ecuador sobre las políticas de transporte en su frontera con Colombia han debilitado considerablemente este esfuerzo de integración, al punto que Rafael Correa puso en tela de juicio la continuidad de la CAN, que terminaría reducida a una liga chica por debajo de Unasur.
En este sentido, la posición declarada de nuestro gobierno es auspiciosa: fomentar una política exterior de integración y concertación sin hacer distingos de tipo ideológico, que son finalmente coyunturales (aunque no por ello dejemos de estar atentos frente a quienes sí pretenden usar las relaciones entre estados para servir sus agendas de dominio ideológico). Por otro lado, la cumbre presidencial andina de noviembre pasado permitió zanjar divergencias, pero sobre todo relanzar el bloque andino bajo la promesa de cumbres presidenciales anuales. La CAN ha entrado en un proceso de reingeniería para adecuarse al actual contexto donde predominan los tratados comerciales bilaterales y la fuerte ideologización de las relaciones internacionales.

El valor de la CAN debe ir más allá de mantener una tradición y un legado histórico compartidos. Tenemos que aprovechar la mesa de la CAN, en la que ya estamos todos sentados y con mecanismos aceptados para la toma de decisiones, para tratar los muchos temas comunes que tenemos, más allá de las relaciones comerciales en las que los tratados bilaterales se han comido la cancha. En la actualidad, los problemas de seguridad pública impuestos por el tráfico de bienes ilegales (desde el narcotráfico hasta el contrabando), los focos de violencia interna con implicaciones fuera de las fronteras (las FARC en Colombia, pero también Sendero Luminoso asociado al narcotráfico internacional) y la migración internacional producto del desplazamiento forzado constituyen una agenda de cooperación urgente y pueden permitir a la CAN encontrar un nuevo eje de articulación. En un escenario en el que parecen superarse los conflictos limítrofes, los desafíos a la seguridad pública regional recaen en las amenazas de los poderes ilegales. Los convenios firmados recientemente con Ecuador estrechan vínculos frente a un enemigo común. Enfatizar la cooperación en seguridad abonaría en la revitalización de la CAN, que, de otro modo, solo servirá para hacernos recordar el aniversario del nacimiento de Bolívar.

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