jueves, 19 de abril de 2012

JORGE SANTISTEVAN DE NORIEGA, 1945-2012

Por: Augusto Álvarez Rodrich
Fuente:
Diario La República

Jorge Santistevan de Noriega murió ayer. Nos deja un gran peruano, jurista, funcionario y político pero, principalmente, una persona buena, inteligente y honesta.
Lo conocí en la primera mitad de los noventa, pero no como jurista, político o funcionario, sino, recién llegado de trabajar en organismos internacionales, como gerente de comunicación del Grupo Gloria.
Yo trabajaba entonces en el Grupo Apoyo y Gloria nos había encargado la elaboración de su memoria anual. Durante todo ese proceso, Jorge fue el interlocutor de la compañía, lo que permitió conocernos a través de la interacción requerida para los fines específicos de hacer la memoria –revisar textos, escoger fotos, etc.– pero, también, para conversar sobre política, el Perú, los peruanos y sus tradiciones.
Por ello, no me sorprendió que, un tiempo después, en marzo de 1996, fuera elegido por el Congreso como el primer defensor del pueblo.
Allí Jorge hizo un trabajo estupendo pues, en pleno apogeo de la fase dura del fujimorismo, él se las ingenió para ser un funcionario de gobierno en el cabal sentido de la palabra. Con independencia, prudencia y buscando movilizar, con sagacidad, los esfuerzos requeridos para conseguir fines concretos.
Jorge puso la primera piedra de la Defensoría del Pueblo con tal fortaleza que eso fue decisivo para que esta institución agarrara la viada necesaria para ser, hasta hoy, una entidad decente y de prestigio.
Entre los principales objetivos que Jorge consiguió desde la Defensoría, junto con la participación decisiva e invalorable del padre Hubert Lanssiers, estuvo el indulto de 483 personas que estaban presas injustamente por casos de terrorismo. Después, Jorge fue candidato presidencial sin suerte, luego de lo cual ejerció a tiempo completo la práctica privada del derecho en temas complejos que usualmente requerían ser comprendidos por los medios. Por ello, me llamaba de vez en cuando para exponer los argumentos de sus clientes, siempre con transparencia y cabal respeto por la independencia del periodismo.

En un país como el nuestro, donde hay tanto ‘logrero’ que incursiona en el gobierno para llenarse de fama o dinero mal habido, y sin ningún interés por la consolidación de las instituciones, Jorge fundó, en un contexto en que el fujimorismo demolía instituciones con entusiasmo y vileza, la Defensoría del Pueblo, una entidad de prestigio, credibilidad y confianza, cuyos principios están mucho más allá de la persona que la lidera en un determinado momento.
Se le va a extrañar a Jorge Santistevan. Que descanse en paz.

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