martes, 8 de mayo de 2012

AUMENTO DE SALARIOS: VOTO A FAVOR

Por Pedro Francke
Fuente:
Bajo La Lupa

¿Deben aumentar los salarios en el Perú? En los últimos 20 años, la participación de los trabajadores en el PBI ha caído de 26 % a 21%: reciben una porción cada vez menor de la riqueza nacional creada. En la década pasada la productividad por trabajador creció 24% pero los salarios medios sólo crecieron 12%, apenas 1% por año.
Continuar con este desequilibrio tiende a agravar una distribución del ingreso ya muy desigual e injusta en nuestro país. Con 675 soles de salario mínimo, un trabajador gana al mes lo que el gerente general de una empresa top gana en una hora, y un inversionista grande gana en un minuto (hice los cálculos, la frase no es gratuita).
Viéndolo desde el otro ángulo, el de la competitividad, es necesario compararnos con otros países. Los salarios peruanos están retrasados respecto a nuestros competidores: una hora de trabajo en la manufactura cuesta, todo incluido, 2.50 dólares en Perú, 3.60 en Chile, 4.10 en Brasil y 23.70 en Estados Unidos. Contra la propuesta de un aumento salarial no se puede argumentar la pérdida de competitividad.
¿Debe subir el salario mínimo? Para mantener a una familia de 5 personas encima de la línea de pobreza en Lima, es necesario tener un ingreso de 1,700 soles; ni trabajando padre y madre alcanzan esa cifra con los 675 soles actuales. Es posible un aumento: en la década pasada el salario mínimo real en Perú solo aumentó 10%, mientras en Chile lo hizo en 28% y en Brasil en 82%.
Se dice que un aumento del salario mínimo afectaría a las microempresas, pero apenas 10 por ciento de ellas están formalizadas, así que de todas maneras el otro 90% no respeta las regulaciones laborales. Formalizar en base a seguir con el "cholo barato" no es el camino para el progreso nacional. Acabar con la informalidad debe lograrse más bien elevando su productividad, abaratándoles el crédito, simplificando los trámites burocráticos y ofreciéndoles sistemas de seguridad social más atractivos.Quienes siempre se oponen a aumentar el salario mínimo, tienen en el fondo un prejuicio ideológico: creen que toda intervención estatal es mala y se debe dejar que el libre mercado defina los salarios. ¿Por qué están equivocados? Porque buenos salarios son fundamentales para el bienestar de millones, hacen crecer el mercado interno y sustentan las clases medias.

El trabajo no es como las papas o los camotes, con un mercado perfectamente competitivo en el que la oferta y la demanda se equilibran y arrojan un resultado óptimo. En el mercado de trabajo hay discriminación: en el Perú, una mujer con las mismas capacidades que un hombre gana 26% menos, y una persona de origen quechua-hablante, 13% menos. Hay también desempleo, dificultades en la supervisión del desempeño y relaciones sociales complejas entre personas que deben trabajar como equipo. Además, cuando hablamos de trabajo estamos hablando de personas, que quisiéramos fueran ciudadanos con derechos.
Se requiere una política salarial y de trabajo, por su importancia sobre el bienestar, el desarrollo económico y la democracia social. Tras varios años de crecimiento económico, ya es tiempo que los beneficios chorreen hacia los trabajadores. Los salarios deben aumentar, y mejorar el salario mínimo es una de las palancas para lograrlo.

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